El 15 de octubre de 2011 hubo una movilización global de protesta política. Se llevó a cabo usando recursos limitados, en un plazo breve y con una participación mínima de las instituciones. Los manifestantes organizaron concentraciones desde Auckland hasta Taipei, desde Madrid hasta Seattle; fueron 951 protestas en 82 países.
La magnitud de la acción colectiva no tiene precedentes, superando incluso las protestas antibélicas del 20 de marzo de 2003. Esta asombrosa convocatoria se logró sin la mediación de actores institucionales, como los partidos políticos, y en algunos países -incluyendo Gran Bretaña-, sin contar con la participación del movimiento obrero.
En Roma, hubo cerca de doscientos mil manifestantes, entre quienes había miles de enmascarados o encapuchados, con armaduras improvisadas y formando un bloque negro para evitar ser identificados. En muchos otros lugares de Europa se registraron inmensas protestas. La de Madrid fue imponente -lo cual era previsible teniendo en cuenta el precedente del “verano español” del movimiento 15M- y la de Alemania sorprendió por su tamaño (miles de personas colmaron las calles de Francfort, Berlín y Colonia).
El mundo fue testigo de un día de protesta, pero lo que sucedió por la noche es lo que más atrajo la atención de los medios y representa la ampliación de un repertorio o táctica de protesta, la ocupación, que fue reinventada y adoptada en el transcurso del último año: desde las ocupaciones de estudiantes de 2010/2011 en Gran Bretaña hasta Plaza Tahir, en Egipto; y desde el movimiento 15M de España hasta el movimiento del 99 por ciento en Estados Unidos o, más recientemente, el movimiento mundial “Occupy”, la organización online derivó en la apropiación -temporaria o no- del espacio offline.
Pero, ¿cómo estuvieron coordinados? Se está dando un cambio en la manera en la que se organiza y se comunica lo que sucede al mismo tiempo que se despliega una crisis económica aguda y sostenida y el derrumbe de Wall Street.
La magnitud de la acción colectiva no tiene precedentes, superando incluso las protestas antibélicas del 20 de marzo de 2003. Esta asombrosa convocatoria se logró sin la mediación de actores institucionales, como los partidos políticos, y en algunos países -incluyendo Gran Bretaña-, sin contar con la participación del movimiento obrero.
En Roma, hubo cerca de doscientos mil manifestantes, entre quienes había miles de enmascarados o encapuchados, con armaduras improvisadas y formando un bloque negro para evitar ser identificados. En muchos otros lugares de Europa se registraron inmensas protestas. La de Madrid fue imponente -lo cual era previsible teniendo en cuenta el precedente del “verano español” del movimiento 15M- y la de Alemania sorprendió por su tamaño (miles de personas colmaron las calles de Francfort, Berlín y Colonia).
El mundo fue testigo de un día de protesta, pero lo que sucedió por la noche es lo que más atrajo la atención de los medios y representa la ampliación de un repertorio o táctica de protesta, la ocupación, que fue reinventada y adoptada en el transcurso del último año: desde las ocupaciones de estudiantes de 2010/2011 en Gran Bretaña hasta Plaza Tahir, en Egipto; y desde el movimiento 15M de España hasta el movimiento del 99 por ciento en Estados Unidos o, más recientemente, el movimiento mundial “Occupy”, la organización online derivó en la apropiación -temporaria o no- del espacio offline.
Pero, ¿cómo estuvieron coordinados? Se está dando un cambio en la manera en la que se organiza y se comunica lo que sucede al mismo tiempo que se despliega una crisis económica aguda y sostenida y el derrumbe de Wall Street.
El columnista británico de la BBC, Paul Mason, se refirió a los movimientos globales “oct15” y “Occupy”: “Los manifestantes pusieron un cartel irónico que decía: ‘Plaza Tahir, Londres, EC4M’. No era Tahir, pero obedecía al mismo ímpetu por ocupar el espacio físico. El impulso de los movimientos tiene su explicación: es un ‘meme’, una acción efectiva que se transmite independientemente de cualquier estructura democrática o jerarquía de partidos políticos”.
el desarrollo de sofisticadas tecnologías de la comunicación, en particular de Internet, la idea de la ‘memética’ halló rápidamente un terreno fértil de reproducción. Podemos representarnos Internet como un banco de ideas, y el ‘meme’ exitoso es aquél que repica masivamente en la población con la que se topa, culminando en una experiencia o punto de vista compartido o individual al punto de que los usuarios desean perpetuarlo como algo representativo de su posición, y a veces lo corrigen ligeramente en su camino de expansión”.
La “memética” siempre ha existido como un medio a través del cual la “cultura” es reproducida y diseminada. Pero, por supuesto, la velocidad de esa reproducción “memética” de la cultura depende del medio: primero la tradición oral, luego la imprenta tipográfica y ahora, en los últimos años, Internet y las tecnologías de la comunicación digital. La cuestión es que la “memética” mediada por Internet representa un cambio fundamental en la forma en que se presentan los movimientos sociales como nuevas formas de práctica social y en la manera en que expanden, se adoptan y alcanzan la masa crítica: todo parece tener mucha más velocidad.
EL MOVIMIENTO SOCIAL COMO “MEME”La “memética” siempre ha existido como un medio a través del cual la “cultura” es reproducida y diseminada. Pero, por supuesto, la velocidad de esa reproducción “memética” de la cultura depende del medio: primero la tradición oral, luego la imprenta tipográfica y ahora, en los últimos años, Internet y las tecnologías de la comunicación digital. La cuestión es que la “memética” mediada por Internet representa un cambio fundamental en la forma en que se presentan los movimientos sociales como nuevas formas de práctica social y en la manera en que expanden, se adoptan y alcanzan la masa crítica: todo parece tener mucha más velocidad.
Se puede entender el movimiento social como un proceso definido mediante el cual los actores participan en la acción colectiva de una manera social y políticamente Spolémica. Tiene las siguientes características:
* Un involucramiento en relaciones conflictivas con “oponentes” claramente identificados.
* Una interconexión mediante numerosas redes informales (que solían ser offline y ahora también son online).
* Los participantes y aquéllos que simpatizan con las demandas comparten una identidad colectiva definida.
Si se acepta la premisa de que las ideas, los símbolos y las prácticas se diseminan culturalmente a través de “memes”, entonces, la “memética” puede servir como herramienta para develar cuán exitosos pueden ser los movimientos sociales. Si todo lo que se requiere es una identidad y un antagonismo político compartido, redes informales y un conjunto particular de “repertorios” (tácticas) de protesta, entonces es posible reducir los movimientos sociales a una identidad, un antagonismo y una práctica, que pueden ser entendidos como “memes”.
UKUncut COMO “MEME”
Un ejemplo primordial de cómo pueden operar los movimientos sociales como “memes” dentro de la sociedad interconectada es el movimiento británico UKUncut. En su sitio web puede leerse: “El 27 de octubre de 2010, justo una semana después de que George Osborne anunciara los recortes en servicios públicos más severos desde la década del veinte, cerca de setenta personas salieron a Oxford Street, entraron en el local principal de Vodafone e hicieron una sentada. Logramos cerrar el local de Vodafone porque querían eludir las cargas impositivas. (…) En ese momento, ‘UK Uncut’ sólo existía como ‘ukuncut’, un hashtag que alguien había soñado la noche anterior a la protesta. Mientras estábamos sentados en la entrada cantando nuestras consignas y repartiendo panfletos a los que pasaban, el hashtag iba expandiéndose por el Reino Unido y la gente comenzó a pensar en replicar nuestra acción. La idea se dispersó como un virus. El enojo hirviente por los recortes había encontrado una válvula de escape. Sólo tres días más tarde se cerraban cerca de treinta locales de Vodafone”.
La afirmación de que UKUncut era Lsólo un hashtags era, si bien humilde, fundamentalmente incorrecta. Luego de la primera acción, UKUncut ya poseía los elementos para convertirse en un movimiento social capaz de ser imitado y reproducido. En primer lugar, los participantes compartían una identidad: eran contribuyentes británicos que se oponían a la elusión impositiva y que propugnaban cargas fiscales progresivas como la manera más justa de financiar la salud pública y el seguro laboral así como también la educación y el cuidado de los mayores.
EL ROL DE INTERNET
La forma en la que se disemina el movimiento “Occupy” puede ser un gran termómetro de cuán rápido se expande la crítica radical, el símbolo y, lo que es más importante, la práctica vía redes online que luego se traslada a la acción offline. Respecto de la ambigüedad y las demandas heterogéneas de este movimiento, deberíamos contenernos de ser excesivamente críticos y dogmáticos en el análisis. Nadie sabe cómo se desenvolverá, ya nada sorprende de los movimientos sociales globales. Los cambios que podamos ver en el impacto de las redes sociales sobre el actual aparato social y político pueden ser tan grandes como los que generó el cambio de “software” de la imprenta de Gutenberg.
En ese entonces, también la reproducción “memética” de los símbolos y la práctica se aceleraron: las consecuencias fueron la Reforma Protestante, el Estado nación, el racionalismo científico y la formación de la esfera pública de Habermas. Esta vez, a lo mejor, veamos un verdadero y colosal cambio social acompañado de la adopción de un nuevo medio que acelera la reproducción “memética” de los movimientos. Recién estamos en el comienzo: vale recordar que, luego de la llegada de la imprenta, a los pocos años ya surgían las primeras novelas pornográficas, mientras que los primeros boletines científicos recién aparecieron casi un siglo más tarde.
Los días y semanas que nos depara el futuro nos pueden dar la primera manifestación de cuánto ha cambiado la acción colectiva polémica a escala global, cuando está mediada por las redes sociales y las múltiples formas de la comunicación digital. La impresión es que lo que viene nos mostrará que el “pueblo” hará demandas políticas de una manera tan radicalmente diferente que hoy, para nosotros, siguen siendo una incógnita. Posiblemente, todo lleve a desafiar la democracia nacional y parlamentaria misma. Con la abundancia de información distribuida en las redes de Internet, cada vez tendrán menos sentido las instituciones construidas en la época previa. El software está obsoleto. Como escribió el poeta irlandés William Butler Yeats, “todo se desmorona, el centro se doblega”.
La forma en la que se disemina el movimiento “Occupy” puede ser un gran termómetro de cuán rápido se expande la crítica radical, el símbolo y, lo que es más importante, la práctica vía redes online que luego se traslada a la acción offline. Respecto de la ambigüedad y las demandas heterogéneas de este movimiento, deberíamos contenernos de ser excesivamente críticos y dogmáticos en el análisis. Nadie sabe cómo se desenvolverá, ya nada sorprende de los movimientos sociales globales. Los cambios que podamos ver en el impacto de las redes sociales sobre el actual aparato social y político pueden ser tan grandes como los que generó el cambio de “software” de la imprenta de Gutenberg.
En ese entonces, también la reproducción “memética” de los símbolos y la práctica se aceleraron: las consecuencias fueron la Reforma Protestante, el Estado nación, el racionalismo científico y la formación de la esfera pública de Habermas. Esta vez, a lo mejor, veamos un verdadero y colosal cambio social acompañado de la adopción de un nuevo medio que acelera la reproducción “memética” de los movimientos. Recién estamos en el comienzo: vale recordar que, luego de la llegada de la imprenta, a los pocos años ya surgían las primeras novelas pornográficas, mientras que los primeros boletines científicos recién aparecieron casi un siglo más tarde.
Los días y semanas que nos depara el futuro nos pueden dar la primera manifestación de cuánto ha cambiado la acción colectiva polémica a escala global, cuando está mediada por las redes sociales y las múltiples formas de la comunicación digital. La impresión es que lo que viene nos mostrará que el “pueblo” hará demandas políticas de una manera tan radicalmente diferente que hoy, para nosotros, siguen siendo una incógnita. Posiblemente, todo lleve a desafiar la democracia nacional y parlamentaria misma. Con la abundancia de información distribuida en las redes de Internet, cada vez tendrán menos sentido las instituciones construidas en la época previa. El software está obsoleto. Como escribió el poeta irlandés William Butler Yeats, “todo se desmorona, el centro se doblega”.
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