miércoles, 29 de mayo de 2013

¡¡ Llegó la hora... ¡¡¡

Marea Socialista

“Mirar la realidad cara a cara, no buscar la línea de menor resistencia, llamar a las cosas por su nombre, decir la verdad a las masas por amarga que ella sea, no temer a los obstáculos, ser fiel en las pequeñas y en las grandes cosas, ser audaz cuando llegue la hora de la acción…”
León Trotsky
I. INTRODUCCIÓN

A dos meses del fallecimiento del Comandante Chávez el ritmo político en la Venezuela Bolivariana es de vértigo. La descripción del cuadro actual no es de simple coyuntura. Están dispuestas fuerzas sociales irreconciliables cuya tendencia es al choque y el resultado de esa confrontación determinará el carácter de la nueva etapa abierta en el país por la desaparición física del Comandante. El mínimo margen en la elección presidencial del 14 de abril, que ganó Nicolás Maduro con los votos de Chávez, es el emergente de un mar de fondo que anuncia que los tiempos de la definición han llegado.
El impulso del desabastecimiento, la especulación y la carestía es la táctica actual, de estos días, de una oposición que salió fortalecida y con un liderazgo más consolidado de la disputa electoral, aunque seguramente serán profundizadas por otras. Una oposición que tiene diferencias, pero que está unida frente a la enorme oportunidad que siente le ha llegado de recuperar el control directo sobre el gobierno y el Estado, oportunidad que le brinda la ausencia forzada de un liderazgo de estatura continental.
Los errores políticos, la actitud conciliadora y la vacilación del nuevo gobierno para tomar medidas ejemplares en este terreno, de lo cual la reunión con Lorenzo Mendoza y Polar es el último ejemplo, dan aire a la ofensiva política de la oposición encarnada en las denuncias de fraude con que sus emisarios recorren el mundo. Y estos errores también confunden y desarman políticamente al pueblo bolivariano. El no reconocimiento de Maduro por parte de Estados Unidos y las agresivas declaraciones de Obama agregan una fuerte cuota de chantaje.
Otra vez como en los años 2002 y principios de 2003, se juega en la Venezuela Bolivariana, además de nuestro propio proceso, una parte importante del destino de Nuestra América. Pero la historia nunca se repite. Esta vez es más difícil para nosotros. Y muy probablemente adquirirá formas muy distintas.
Es más difícil porque tenemos que enfrentar los ataques pérfidos de una oposición cínica y criminal que construye su apoyo popular con un discurso engañoso que busca dialogar y muchas veces lo logra, con la dura realidad que sufre el pueblo más humilde. Pero también porque al mismo tiempo estamos retrasados en construir un nuevo liderazgo, que esta vez, necesariamente deberá ser colectivo, que ayude a desatar y orientar la colosal movilización popular que necesitamos para ir por el Golpe de Timón que pidió Chávez.
Sin esto último, la sensación de falta de gobierno que hoy se extiende puede dar paso al derrumbe. Son momentos en los que se juega la supervivencia de un sueño. El debate sobre como salvar ese sueño está planteado y los tiempos son cortos. Queramos o no llegó la hora de dar pasos contra el capital y la burocracia o perder las conquistas alcanzadas y con ellas este capítulo histórico del proceso emancipador.

II. LA AUSENCIA DE CHÁVEZ Y EL VACÍO EN EL SISTEMA POLÍTICO DEL PROCESO BOLIVARIANO
No hubo tiempo todavía de procesar la enorme manifestación de amor y dolor popular que provocaron los funerales de Chávez, casi se podría decir que no lo hubo tampoco para iniciar el duelo. Y menos hubo voluntad política para debatir seriamente y en profundidad el cambio enorme que la ausencia del Comandante significa para la Revolución Bolivariana. Es imprescindible hacerlo. Si no nos ubicamos en la realidad de esta pérdida seguiremos desorientados, combatiendo contra sombras chinescas que nos muestran figuras falsas en la pared y que ocultan la realidad.
El liderazgo del Comandante Chávez se construyó en más de dos décadas de duras batallas políticas y sociales. Comenzó como una fuerte resistencia al neoliberalismo dominante que impulsaban los gobiernos de América Latina. Se puede decir que su liderazgo surge a contracorriente de la tendencia mundial de la época. Montado en el volcán latinoamericano que resistía el saqueo. Fueron más de 20 años de lucha de clases intensa que continúa. Con avances y retrocesos con aciertos y errores. Años en los que intentó adaptar a la realidad de finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI el proyecto histórico bolivariano y que comprendió que el bolivarianismo de este siglo es socialismo. La historia le dará el lugar que los pueblos humillados de nuestro continente y parte del mundo oprimido ya le han dado. Pero hoy y ahora, en este momento de crisis, de vacío del sistema político de la Revolución Bolivariana, tenemos que sacar lecciones de urgencia.

1.- Reconocer el vacío. Es imprescindible valorar en toda su dimensión el impacto de la ausencia del Comandante Chávez. La simple reproducción electoral, al estilo liberal burgués, de dirigentes chavistas al frente de instituciones que mantienen el ADN de la IV República es la concha vacía del legado de Chávez. Si no comprendemos que seguimos frente a un Estado Burgués garante de los privilegios de las oligarquías locales y transnacionales y las burocracias que los administran, estaremos en un acelerado camino de perder el proceso.
La Hoja de Ruta diseñada por Chávez: La Constitución, los Planes de Desarrollo de la Nación, las Leyes Habilitantes, han perdido el motor que les daba vida y dinamismo. El Hiperliderazgo que en otro momento cuestionamos, creemos que correctamente, frente a la ausencia de dirección colectiva, tenía como lado positivo que era el eje de resolución de las brutales contradicciones que se expresan dentro del propio chavismo y defendía un proyecto emancipador candorosamente gradual y “pacifico”. Chávez articulaba, equilibraba y distribuía el juego entre grupos con aspiraciones de poder que hoy se han quedado sin árbitro. Desatándose, más allá de la voluntad de los actores, una disputa por la hegemonía dentro del chavismo y entre las expresiones políticas de las clases principales que actúan en el país.

2.- Los dos pilares. Chávez siempre actuó consciente de que su liderazgo era un pilar del proceso, pero que el otro pilar fundamental era el pueblo bolivariano, civil y militar. Montado sobre un auge monumental de movilización del pueblo bolivariano, intentó conducirlo a un proceso de reformas importantes y graduales, que apuntaban a la independencia nacional y a una distribución más equitativa de la renta petrolera (“un novedoso estado de bienestar”, según Javier Biardeau). Pero para destrabar las tremendas contradicciones sociales desatadas en la disputa por la apropiación de la renta, apeló en alguno de esos momentos a la movilización popular. Y aunque es un hecho que la principal movilización fue la respuesta autónoma y espontánea (sin dirección oficial) de un pueblo heroico frente al golpe de abril de 2002, la conexión, la comunión de su liderazgo con el pueblo bolivariano se daba fundamentalmente en las calles.
Quizás la Batalla de Santa Inés en 2004 sea el ejemplo de movilización electoral más audaz. Hermosa muestra de participación y creatividad política de este pueblo. Y la recuperación de la Industria Petrolera en 2003, o la revisión del acuerdo con Néstor Kirchner de no tocar los capitales de la trasnacional “Techint- Ternium” en el país, cuando nacionalizó SIDOR, cediendo al reclamo del pueblo de Guayana, sean los ejemplos más claros en el terreno de la lucha directa. Cómo sea, con marchas y contramarchas, cabalgando más que impulsando el auge de la movilización, Chávez interpretó necesidades y deseos del pueblo bolivariano movilizado.
3.- Proceso Constituyente. La Revolución Bolivariana es esencialmente una revolución democrática, una revolución política, distinta de la categoría de Revolución Democrática en el sentido anti feudal, que definieron los clásicos del marxismo. Una revolución en proceso que tiene dos momentos de resolución: En primer lugar la convocatoria, debate, sanción y refrendación de la Constitución de la V República, como expresión de parte de las transformaciones que exigía el pueblo pobre desde el Caracazo y los planteos insurreccionales del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. En segundo lugar la rebelión popular de Abril de 2002 y la derrota del Paro Patronal y el Sabotaje Petrolero, que derrotaron con la acción directa una contrarrevolución en toda la línea. Una revolución que hoy enfrenta la encrucijada de avanzar hacia medidas anticapitalistas o agotarse en un camino de parálisis que abra paso a las contrarreformas que busca la oligarquía.
Los momentos más bonitos del proceso Bolivariano fueron aquellos en los que, según Vladimir Acosta, todo parecía una sinfonía de debate masivo y movilización popular, un desorden que tenía su lógica interna en la participación directa de los que hasta entonces habían sido invisibilizados. Cuando el Poder Constituyente, el poder del pueblo movilizado, se encontraba construyendo el proceso en común con su liderazgo. Ya sea combatiendo la contrarrevolución en las calles o la reacción en los proceso electorales. En este proceso constituyente es donde se consolida la estatura del liderazgo de Chávez.
Pero la confiscación del protagonismo del pueblo bolivariano, después de las victorias contra el ala más contrarrevolucionaria de la dirección política de la oligarquía criolla en el 2002, 2003 y 2004, abrió paso al surgimiento, desarrollo y protagonismo como actor importante de un hecho objetivo de deformación del proceso, a la burocracia de estado y su hija bastarda, la boliburguesía. Esta burocracia fue construyendo intereses propios a base de la conquista y defensa de privilegios insultantes a los ojos del pueblo bolivariano. Identificó como su principal obstáculo al poder constituyente, al pueblo movilizado y participativo. Y así la movilización autónoma o “espontánea” ha comenzado a transformarse en participación administrada y controlada desde arriba.
El florecimiento de organizaciones del poder popular como los primeros consejos comunales, las mesas técnicas de agua, eléctricas y salud o más recientemente las mesas de trabajo del control obrero en las industrias básicas, para mencionar sólo algunas de las centenares de organizaciones que eran el germen de un nuevo poder, el poder con el cual concretar la participación protagónica, comenzó a ser corrompida o convertida en apéndice clientelar de la voluntad de los que encabezan las instituciones, o los jefes de los grupos de poder, que intentan vaciarlas de contenido o simplemente desmantelarlas. Las Comunas, bueno, lo dijo Chávez, en eso no se avanzo casi nada.
El fracaso de la nueva organización sindical y la inoculación de los viejos métodos burocráticos en una parte de los dirigentes sindicales combativos, surgidos en los primeros tiempos del proceso, los alejaron del clasismo para convertirlos en una burocracia sindical que obtiene sus privilegios de la participación directa o indirecta en la administración de las empresas públicas e instituciones del Estado sin control de la base trabajadora, o del manejo arbitrario y cerrado de los contratos colectivos en las empresas privadas, un sector de ellos inclusive saltó la talanquera.
Sin embargo, hay muchos hechos que demuestran las reservas que contiene el proceso revolucionario y cómo, frente a la activación de la movilización popular o sectores de ella, impulsada por sus liderazgos naturales, incluidos muchos sindicalistas que han resistido la burocratización y, los síntomas de malestar creciente por el maltrato burocrático, Chávez era sensible a las señales y compensaba parcialmente el rumbo. Algunos de estos hechos son: La nacionalización de SIDOR, los reclamos de las 3R y las 3R2, el proceso de activación del pueblo bolivariano en su última campaña electoral para el 7 de octubre, y el alerta sobre los errores, la exigencia de autocrítica y la defensa de la crítica realizada en su última reunión de ministros que quedó registrada en el Golpe de Timón.
4.- Debilidades estructurales. El proceso revolucionario iniciado con el Caracazo hirió de muerte al régimen de alternancia bipartidista del pacto de Punto Fijo. La agonía de este régimen que se extendió por casi 9 años quedó consumada con las elecciones presidenciales de 1998 y las constituyentes de 1999.
Acción Democrática y Copei, con sus estructuras territoriales, su influencia clientelar en los movimientos sindicales, comunales, juveniles, deportivos y sociales y su política neoliberal, se desplomaron. Los viejos partidos de las clases dominantes se dividieron y vaciaron de militancia, surgieron nuevos grupos más gerenciales que políticos.
Pero la V república no pudo construir un nuevo sistema de partidos. La vieja izquierda no quiso, no pudo o no supo romper con su sectarismo organizacional y su oportunismo político. Mientras que el liderazgo de Chávez problematizó la construcción de nuevos partidos enérgicos y vitales de la revolución bolivariana.
El último intento en este sentido, el PSUV, entusiasmó en su fundación a fines del 2007 a un gran sector de la militancia revolucionaria. Esta construyó miles de batallones de centenares de militantes, donde hubo por un tiempo breve, espacio para el debate, la crítica y la elaboración colectiva, aunque fuese limitada al área local. En su Congreso Fundacional a pesar de las grandes limitaciones burocráticas, la izquierda del partido pudo constatar una fuerza del 25% de los delegados que para un partido de millones de inscritos representaba una corriente radical de al menos varias decenas de miles de militantes.
Pero se impusieron las limitaciones que significaban el secuestro desde arriba por parte de los dirigentes de las instituciones del Estado de la dirección del partido, la reestructuración y reparto entre los grupos de poder de los organismos regionales y la desarticulación de los batallones y de toda instancia orgánica que tuviera rasgos democráticos de base, todo esto dicho con sus honrosas excepciones regionales o locales. Este vaciamiento convirtió al que podría haber sido el primer gran partido de la Revolución Bolivariana y un ejemplo de partido del siglo XXI, en un apéndice del Estado que sólo funciona como correa de transmisión de las órdenes del gobierno y como maquinaria electorera. Así, a menos de 6 años de fundado, el PSUV no entusiasma, no atrae militantes sino que los repele y tampoco está cumpliendo eficientemente su función de aparato electoral. Solo puede seguir contando por millones sus inscritos entre los que hay, a decir verdad, no pocos arribistas y buscadores de puestos.
La inexistencia o debilidad de partidos revolucionarios que impulsaran el debate, elaboración de propuestas, crítica, y control de la acción de gobierno, se ha convertido en una de las claves de la despolitización del pueblo bolivariano, o mejor dicho: de la incapacidad de la dirección de empalmar con la disposición revolucionaria del pueblo bolivariano, lo que llevó al partido a una actividad rutinaria y electorera. Una dirección del partido que es al mismo tiempo la dirección del gobierno y que obliga a cumplir órdenes en vez de debatir políticas. Este hecho era parcialmente compensado por Chávez con sus iniciativas, su “Aló Presidente” y sus condiciones de extraordinario comunicador.
Si se quiere recuperar el PSUV de la época de su lanzamiento, es necesaria una revolución al interior del mismo para romper con los vicios, deformaciones y degeneraciones clientelares que hoy tiene. Similar proceso de asimilación al Estado y despolitización, aceitado por el método de clientela y cooptación, vienen sufriendo una parte de las direcciones sindicales y del movimiento popular.

III. LA POLÍTICA DE LA OPOSICIÓN: DESCONOCER EL RESULTADO ELECTORAL Y BUSCAR EL DESGASTE ACELERADO Y DERRUMBE DEL GOBIERNO
El resultado electoral obtenido por la Mesa de la Unidad y su candidato Capriles el 14 de abril pasado es el punto más alto de una tendencia creciente desde el 2006. Luego del aplastante fracaso del intento contrarrevolucionario del golpe de abril y el Paro Sabotaje, dos líneas de pensamiento fundamentales se desarrollaron al interior de la oposición. Una, hoy minoritaria, pero con fuerte influencia en la táctica actual, que sostenía que había que preparar un nuevo intento contrarrevolucionario y que el fracaso de los realizados se debía a errores propios en la preparación y desarrollo de aquellas acciones, más que a la fortaleza del proceso bolivariano, esta línea todavía logró imponerse frente a las elecciones legislativas de 2005 y llevó a la no participación electoral de la oposición. Otra, que comprendió la potencia del liderazgo de Chávez y el pueblo bolivariano, y que decidió un camino de recuperación electoral, reestructuración de sus partidos y reconstrucción de sus tradicionales redes clientelares en la base popular que supieron tener durante la IV República. Esta línea fue alentada por los errores y la burocratización del proceso bolivariano que ponía en cuestión la base social del chavismo y tuvo el acompañamiento, y consejo del imperio y la socialdemocracia internacional.
La oposición se fue fortaleciendo hasta el 7 de octubre del 2012 y tomo un nuevo impulso en febrero de 2013 después de una breve crisis. En el camino que eligieron, avanzaron en la reconstrucción de sus partidos, se unieron como les fue conveniente en los distintos eventos electorales en los que cada vez obtenían mejor resultado. Lograron importantes éxitos al conseguir el triunfo en el referéndum por la reforma en 2007 después de haber perdido las presidenciales del 2006, obtuvieron varias gobernaciones en 2009 y un gran número de diputados en 2010. Y se prepararon desde entonces para disputarle la presidencia a Chávez en 2012.
La derrota contundente de octubre y luego en diciembre abrió un fuerte debate en el seno de los partidos de la oposición. Revisaron sus errores de octubre y diciembre y los corrigieron, profundizaron un discurso populista, copiaron símbolos chavistas descaradamente, se presentaron más unidos que nunca en una sola tarjeta electoral y se organizaron tras la estrategia de no reconocer el triunfo de Maduro.
Sin embargo, esto solo no hubiera alcanzado si no se hubieran desarrollado los graves errores que el gobierno sin Chávez cometió desde que el Comandante tuvo que partir a su última operación. La no respuesta al desabastecimiento que fue en crecimiento desde noviembre, la carestía desatada, la especulación y por último la devaluación innecesaria que se sancionó el 8 de febrero, que en el pueblo chavista recuperó la dinámica de cuestionamiento a la burocracia del gobierno y el partido, la gota que colmó el vaso fue la farandulización de una campaña electoral vacía de contenido político revolucionario por parte del comando de campaña del proceso. Estos hechos le dieron a la oposición la base para entusiasmar a sus votantes que estaban desmoralizados y disputar un espacio entre los que en octubre habían votado por Chávez.
La combinación de revisión de los propios fallos y los graves errores del gobierno dio un resultado electoral que facilitó su línea estratégica: denuncia de fraude, desconocimiento del resultado y no reconocimiento de Maduro. Esta línea es la consigna de la unidad de la oposición. Y con ella mantienen una ofensiva política desde el mismo 14 de abril a la noche. Ellos comprenden lo esencial del nuevo momento político, que la ausencia de Chávez al que nunca pudieron vencer, es la oportunidad de oro para recuperar el gobierno y eso los mantiene unidos.
Las tácticas que utilizan son variables en función de esta estrategia. Cacerolazos y atentados criminales y asesinatos en los primeros días, campaña mediática constante sobre los errores reales o inventados del gobierno. Giras internacionales para buscar apoyos fundamentalmente en países imperialistas o en personalidades influyentes de la derecha de nuestro continente. Agudización, por su capacidad económica, del desabastecimiento, la especulación y la carestía. Campañas políticas y de lucha por justas reivindicaciones sociales, frente a las que el gobierno es sordo, etc. Campañas que les permiten mantener la iniciativa y marcar la agenda política del país.
Mientras tanto el gobierno de Maduro busca seducir a un sector de la oposición económica, con nombramientos ministeriales que les son simpáticos, con mesas de trabajo, otorgamiento de divisas, concesiones económicas, como recientemente el aumento oficial de precios de productos regulados de primera necesidad. La última reunión, realizada con el grupo Polar, es un error grave no solo político y económico sino comunicacional. Pero el gobierno sigue sin tomar medidas ejemplares para resolver los problemas de la población, continúa en un proceso de desgaste y roces internos que van en crecimiento. Con lo que a pesar de su hiperactividad, el gobierno da una fuerte sensación de desorientación e ingobernabilidad.
En medio de la unidad que alcanzaron, los partidos y dirigentes de la oposición, continúan las diferencias y los matices, pero no hay que confundirse. Hasta que no se los quiebre con una movilización contundente, activando al poder constituyente y se termine con la impunidad de la que gozan, se mantendrán unidos. Está equivocado el gobierno si pretende seducir a algunos para dividir sus fuerzas. Los debates en los que se encuentran son en función de, cómo asegurar y a qué precio, el derrumbe del gobierno y la derrota del proceso y su preparación para lo que ven que con muchas posibilidades ocurra: recuperar el gobierno después de 14 años y avanzar con contrarreformas o de manera contrarrevolucionaria si es el caso, en el desmantelamiento de la Republica Bolivariana de Venezuela. Por eso el centro de su política es continuar el desgaste y vaciar de base social al gobierno. Ellos creen como afirmó uno de sus más lucidos analistas que: El chavismo sin Chávez está preparado hoy para enfrentar y derrotar un golpe, pero no está preparado para recuperar ni retener su base social. Esto no significa necesariamente que tengan que esperar al Revocatorio para intentar salir de Maduro, si los tiempos se aceleran la historia mostró que hay muchas maneras de cambio de gobierno sin necesidad de golpe de Estado sangriento.

V. MALESTAR Y DESORIENTACIÓN EN LA BASE SOCIAL DEL CHAVISMO
Tanto el resultado electoral como las medidas que viene tomando el gobierno primero como gobierno sin Chávez y en las últimas 3 semanas como gobierno del presidente electo han provocado un enorme malestar entre el Pueblo Bolivariano. La incapacidad para resolver de manera revolucionaria el acaparamiento, la especulación y la carestía, han llevado a un extremo de confusión y mal humor a la base social popular del proceso.
La devaluación para seguir entregándole dólares a la burguesía, cuando se han descubierto conteiners en los puertos cargados con chatarra o piedras. El descubrimiento de depósitos abarrotados de productos sin que haya ningún acaparador preso. La ausencia y muchas veces corrupción de organismos estatales encargados de controlar el abastecimiento y los precios, sin ninguna sanción. La falta de productos de primera necesidad a precios regulados en los supermercados que son encontrados en sitios de venta ambulante al triple de su precio o a punto de cruzar la frontera en maniobras de contrabando. Panaderías que no venden pan, farmacias en las que no hay medicamentos esenciales como antibióticos, etcétera. Una inflación que duplicó la del mes anterior y que es casi cuatro veces más que la del mismo mes del año anterior. Además de colas interminables o kilómetros recorridos para encontrar los bienes esenciales.
Eso afirma la sensación de un gobierno desorientado para resolver los problemas. La búsqueda de acuerdo con los empresarios privados en reuniones que son más para ceder a sus chantajes que negociaciones desde una posición de autoridad, sin nunca convocar a los trabajadores o a los sectores del pueblo que podrían ayudar a solucionar los problemas profundizan esa sensación. Todo esto sumado a una racionalización aguda de la electricidad con ciudades y regiones del país que tienen apenas algunas horas en el día de energía eléctrica, y un sinfín de problemas cotidianos que complican en extremo la vida de la población, explican la acumulación de un malestar creciente entre el pueblo chavista que es el que más sufre la situación.
En estas condiciones se está creando un escenario social de irritación que alimenta la confusión. Al mismo tiempo se están preparando las condiciones para el desarrollo de una tendencia a la evaporación del apoyo al gobierno. Revertir esta tendencia, recuperar la confianza del pueblo llano, es la principal tarea de los actuales dirigentes del gobierno y del proceso. Y esto sólo podrá hacerse con medidas revolucionarias.


VI. CÓMO RECUPERAR LA OFENSIVA POLÍTICA Y CONSTRUIR LA DIRECCIÓN QUE NECESITA LA REVOLUCIÓN
El 8 de diciembre de 2012, en el que resultó su último discurso, el Comandante Chávez, pidió que frente a cualquier situación sobrevenida, se convocará a elecciones, que nuestro candidato fuera Nicolás Maduro y que este debía gobernar siempre junto al pueblo y con el pueblo. El vertiginoso ritmo de la situación política en el país nos llevó del dolor de la pérdida a una campaña electoral fulminante. El pueblo bolivariano cumplió con el pedido de Chávez y logró convertir en presidente a Maduro. Pero esa elección no resolvió el problema fundamental que a la revolución le trajo el fallecimiento de su líder: Cómo construir la dirección del Proceso Bolivariano sin el que fue el eje absoluto del sistema político. Porque hay que decirlo de una vez: Maduro es el presidente electo del país, pero ni él ni ninguno de los dirigentes chavista del gobierno es, ni puede ser Chávez, ni, por lo tanto, dirigir y gobernar como lo hacía Chávez.
Para poder frenar la tendencia de desilusión e irritación en el pueblo bolivariano y enfrentar seriamente la política cínica y criminal de la oposición, son necesarias acciones políticas radicales en el sentido de recuperar las claves del pilar fundamental que tiene la revolución en pie, ahora sin la presencia física del Comandante Chávez: el pueblo bolivariano, civil y militar:
1.- Desatar la movilización participativa y protagónica del pueblo bolivariano en Proceso Constituyente. La iniciativa del gobierno de calle se está convirtiendo lamentablemente en un espectáculo mediático. Perdiendo una enorme oportunidad para desatar la fuerza enorme que tiene el proceso revolucionario y que hoy está dormida, anestesiada y desorientada: el pueblo bolivariano. El lanzamiento de un verdadero Proceso Constituyentes en áreas como el trabajo y el modelo productivo, la des mercantilización de la salud, la soberanía nacional, en temas como el crédito y el comercio internacional, el Plan Nacional de Desarrollo, y muchos otros, es imprescindible. Este Proceso Constituyente debe acompañar de manera permanente la acción de gobierno en todo el próximo periodo, con críticas, elaboración de propuestas y funciones de control y anticorrupción. Este proceso logrará el efecto movilizador que no logra un gobierno de calle administrado, con la presencia del Presidente y los ministros pero con personas seleccionadas previamente en gran medida entre la militancia administrada por las instituciones o el partido.
En este proceso hay que incorporar activamente también al pueblo bolivariano militar. Es un hecho que si hoy no hay posibilidades inmediatas de un golpe de estado contrarrevolucionario es en gran medida gracias a la existencia en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de un sector mayoritario de comandos bolivarianos, chavistas, antiimperialistas y como gustan decir los compatriotas militares, socialistas.
Para desatar todo este proceso contamos con un insumo fundamental que puede orientar, el último documento escrito directamente por nuestro Comandante Chávez en su máquina de escribir: “Proceso Constituyente para la Elaboración del Segundo Plan Socialista de Desarrollo de la Nación 2013-2019”. Este documento, poco difundido, y ahora silenciado, acompañó al Programa de la Patria como metodología de democracia participativa para construir con el pueblo ese plan de desarrollo en Proceso Constituyente. Y fue presentado por orden de Chávez en noviembre de 2012 por un grupo de ministros encabezados por el entonces Vicepresidente Maduro.
De esta manera, abriendo las compuertas de la creatividad y la energía revolucionaria de nuestro pueblo es que recuperaremos la iniciativa política y mas que un gobierno de calle, llevaremos la calle, el pueblo, los trabajadores, los jóvenes, los indígenas, las mujeres revolucionarias al gobierno, a debatir, resolver y con sus organizaciones nacionales construir junto al actual liderazgo el rumbo revolucionario.

2.- Instalar un gran debate nacional sobre las medidas de urgencia necesarias para revertir la actual crisis de acaparamiento, especulación y carestía. El primer paso para poner a rodar el Poder Constituyente es la organización de un gran debate nacional en cada empresa, privada o estatal, en cada institución, en cada plaza, en cada comunidad, en cada establecimiento educativo, convocado con asambleas donde debatamos y decidamos sobre medidas prácticas para resolver el acaparamiento, la especulación, la carestía y los ingresos y salarios de las familias que viven únicamente de su trabajo.
Una semana donde se realicen decenas de miles de asambleas multitudinarias, donde se lean las propuestas que hagan las fuerzas de la revolución, las del partido, las fuerzas del polo patriótico y otras plataformas políticas y sociales, darle tiempo suficiente al debate de base en esas asambleas y luego de una votación sistematizar las conclusiones y propuestas.
Con esta participación popular activa pondremos en pie una fuerza capaz de frenar la tendencia a la desmoralización y la desconfianza que hoy predomina y entonces sí, llamar luego a una mesa de orden al sector privado donde comprendan que sus bienes están en riesgo si siguen los ataques económicos al pueblo bolivariano.


3.- Facilitar la construcción del instrumento o de los instrumentos políticos que den claridad de rumbo al pueblo bolivariano y profundizar el legado de Chávez. El otro gran problema actual del proceso es la orfandad política del pueblo revolucionario. No es cierto como dicen algunos sectores de la dirigencia del partido o del gobierno que nuestro pueblo no tiene conciencia revolucionaria o que los más de 600.000 votos de Chávez que votaron por Capriles son desagradecidos. La verdad es que la burocratización del partido, el maltrato, el ordeno y mando, el tareísmo y la militancia administrada como única forma de participación política, ha dejado sin orientación política al pueblo bolivariano, al no empalmar con su disposición revolucionaria . Es necesario desatar la creatividad política, empoderar a la militancia, escuchar todas las voces por más diversas que sean, escuchar con respeto las criticas y las propuestas.
Una revolución como la nuestra no puede ni debe tener un solo partido de la revolución. Hay que facilitar la creación de agrupaciones, instrumentos políticos y corrientes que dinamicen con sus propuestas, debates y movilizaciones al Poder Constituyente. Para ello hay que garantizar que los medios públicos, radiales, televisivos, electrónicos y escritos, den espacios a cada corriente política de la revolución, para que se desarrolle un libre debate de ideas de cara al pueblo trabajador. Hoy no se trata solo de romper el cerco mediático que la oposición le pone al gobierno elegido el 14 de abril. Hay que romper nuestro propio cerco mediático, abrir nuestros medios al libre debate y circulación de ideas de las distintas corrientes revolucionarias, esto le dará a nuestro pueblo movilizado en Proceso Constituyente, una fortaleza indestructible.

4.- Activar el espíritu revolucionario del Pueblo Bolivariano. Hubo oportunidades desde el Caracazo que el proceso iniciado con la revuelta popular de febrero del 89 parecía perdido después de los miles de asesinatos. Lo mismo sucedió con el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Igual el 11 de abril con el secuestro del Comandante Chávez. Sin embargo ocurrieron hechos que parecían imposibles.
La liquidación del gobierno de Carlos Andrés Pérez, el triunfo electoral de Chávez en el 98, la revolución democrática espontanea con un pueblo heroico bajando de los cerros el 13 de Abril, la lucha de meses por el Contrato Colectivo de SIDOR que alcanzó un triunfo completo y que incluyó la nacionalización de la empresa haciendo cambiar un acuerdo internacional al presidente Chávez para cumplir con el pueblo de Guayana. La monumental concentración del 4 de octubre con Chávez bajo la lluvia despidiéndose de millones de corazones, que lo llevó al último triunfo electoral contundente del 7 de Octubre. Son hechos, entre muchos otros, que no estaban en los cálculos de la burocracia ni del capital.
Lo que sucede es que los protagonistas anónimos de la Revolución Bolivariana, el pueblo que lucha, es un actor que siente su papel en la historia. Un pueblo que construyó el triunfo de la Revolución junto a Chávez, con enormes dosis de esfuerzo, entrega y heroísmo. Ese pueblo está allí dispuesto a ponerse en movimiento. Tenemos que encontrar la diana que lo llame nuevamente a combate. Animar su voluntad de lucha. Activar su compromiso histórico. Interpretar y estimular su disposición revolucionaria. Ellos, los protagonistas de esos hechos están dispuestos a la pelea y con ellos nuevas generaciones están preparadas para relevar a los cansados. Es nuestro deber, para cumplir y profundizar el legado de Chávez, ayudar a poner en pie al otro gigante de la Revolución: el Pueblo Bolivariano. Esta es la hora crucial para desatar la fuerza colosal de este pueblo. Estamos a tiempo. Así podremos salvar la revolución.

Errores estratégicos de la Revolución bolivariana

Humberto Trómpiz Valles

 La Revolución Bolivariana está viviendo su hora menguada. En todos los rincones del país se oye el inmenso rechazo que este proceso ha cosechado en los últimos meses. La crítica situación económica del país se erige como la variable estratégica que explica semejante desmadre, sin embargo, errores de otro orden han venido a sumarse a este deslave. Lo más dramático de esta caída es que son los sectores populares los que han pasado a liderizar este rechazo a la Revolución, lo que sentencia a muerte este proceso de cambios en el 2016, cuando la oposición convoque a un revocatorio del mandato del presidente Maduro. Con la intención de entender lo que ha pasado, a fin de impedir la solución de continuidad que amenaza a la Revolución, en lo que sigue intentaremos reseñar lo que a nuestro juicio han sido los errores estratégicos cometidos por la dirigencia bolivariana que le han dado carácter de reversibilidad a lo conquistado en estos últimos catorce años de cambios sociales, a saber: 


1.-Aceptar la idea de que era posible construir el socialismo sin tocarle un pelo a la burguesía.
Por razones de inocencia política o de ignorancia teórica, El Comandante se propuso construir un nuevo modo de producción echando mano de la renta petrolera sin tocarle un pelo a las astronómicas tasas de guanacias obtenidas por el capital en Venezuela. Es más, se creyó que la burguesía aceptaría la pérdida del poder político en la medida que amasara inmensas tasas de plus valor. Este fue un error estratégico por cuanto la burguesía necesita controlar el poder político para garantizar la reproducción del capital como su interés de mayor alcance. Jamás burguesía alguna ha renunciado a esta conquista y si lo hace es en momentos álgidos de la lucha de clases (bonapartismos), pero rápidamente toma el control una vez superada la situación crítica. Este fue uno de los errores que llevó a la muerte al Comandante Gadafi. Las consecuencias de este error no podían ser más provechosas para el capital y más desastrosas para la Revolución, por cuanto la burguesía envalentonada con semejante tratamiento obtuvo una triple plusvalía: a) Plusvalía económica: Las tasas de ganancia logradas por el capital en los años de la revolución oscilan entre un 150 y 300 pro ciento, caso singular en la historia del capital. b) Plusvalía política: El caudal electoral de la derecha ha venido creciendo de forma sostenida desde que se perdió el Referendo por la Reforma de la Constitución, acicateada por la situación económica y por la inseguridad reinante, al punto que ya hoy amenaza con ser mayoría. Plusvalía ideológica: El Comandante Chávez rescato del cementerio de la historia la idea del socialismo, enterrada por la caída del Socialismo Real. Sin embargo, hoy con el rechazo que está cosechando la Revolución Bolivariana, la burguesía venezolana está a punto de volver a enterrar el socialismo como proyecto de cambio histórico a favor de las clases humildes. Si lo logra, pasaran generaciones para volverle a plantear al pueblo venezolano un proyecto parecido: el capitalismo aquí reclamará eternidad. Aceptémoslo: hoy el país es más rentista, más capitalista y más explotador. Esta hibridación política se profundizó cuando el Comandante tuvo que buscar apoyo de las burguesía latinoamericanas y del Caribe a través de UNASUR, MERCOSUR, ALBA y CELAC. En consecuencia, la burguesía criolla y sus congéneres externos se erigieron como una muralla china a la hora de profundizar la revolución socialista en estas tierras.


2.-Tratar a su masa electoral como clientela política y no como potenciales revolucionarios
La política de utilizar la renta petrolera para saldar la inmensa deuda social que se tenía con las clases humildes del país, fue uno de los grandes logros de la Revolución que suscitó al mismo tiempo las furias de la oligarquía y del imperialismo. Sin embargo esta tarea quedó a medio camino. Se pensó que con satisfacer necesidades materiales de la población a través de las misiones estaría garantizada de por vida la fidelidad política de estos sectores; olvidándose que estamos en una sociedad capitalista atravesada por el morbo del consumismo. Los beneficiarios de las misiones al ver aumentada su capacidad de consumo exigieron más y al no dárseles volcaron su apoyo político hacia el candidato de la derecha que demagógicamente ofrecía lo que la Revolución no podía dar. Cándidamente se creyó que la conciencia revolucionaria iba dentro de los objetos materiales ofrecidos por el asistencialismo social y se descuido fatalmente la formación teórico-revolucionara a nivel popular. Por eso hoy el antichavismo ha conseguido carta de ciudadanía en los sectores sociales menos favorecidos. Este error determinó que las masas populares vieran los proyectos políticos en juego como parte de un continuum, donde las diferencias eran cuantitativas y no cualitativas. En otras palabras, para las masas el juego político en la Venezuela bolivariana seguía los linderos del viejo Puntofijismo.


 3.-Confundir estatización con socialismo
Si bien es cierto que la Constitución Bolivariana contempla varios tipos de propiedad sobre los medios de producción, lo que se impuso en la práctica fue la convivencia de la propiedad privada con la propiedad estatal. La Revolución se embarco en un proceso de renacionalización y expropiaciones que fortalecieron sin duda al sector público de la economía nacional. Hoy el 29% del PIB es ofertado por este sector. De todo este proceso, sólo PDVSA acusa números positivos, las demás empresas públicas son un total desastre por decir los menos. Las empresa públicas continuaron la praxis corruptiva de la cuarta república y su rentabilidad tiende a cero; sólo las mantiene vivar la enorme renta petrolera de la que desfruta el país. De esta manera, al capitalismo privado se le unió el capitalismo de estado, lo que a venido a concretizar en estas latitudes un KEYNESIANISMO RENTISTA al se le ha denominada socialismo del siglo XXI. Los intentos por crear una verdadera economía socialista a través de las comunas, ha sido fuertemente bloqueado por el funcionariado chavista al frente del estado. El presidente Chávez comprendió tardíamente esta situación cuando en sus últimos gabinetes llamó a darle a la revolución un Golpe de Timón. La apropiación de los medios de producción por parte de los trabajadores sigue siendo materia pendiente de esta revolución.


4.-Desdeñar a la clase trabajadora como rectora de la revolución
La Revolución Bolivariana ha crecido de una verdadera política hacia la clase trabajadora venezolana con todo y las misiones sociales y la reciente Ley del Trabajo. En muchos ámbitos de la administración estatal se ha implementado un verdadero régimen neoliberal del salario, donde encontramos trabajadores percibiendo honorarios muy por debajo del salario mínimo. El caso de los profesores universitarios a quienes no se les aumenta el sueldo desde el 2008 es emblemático de esta situación, situación que contrasta con los ingresos del sector militar. Pero asimismo se ha omitido la formación política y la organización de las clases trabajadoras como principal fuerzas de choque del proceso. En las empresas estatales reina sin rival alguna la división del trabajo y su expresión jerárquica; aquí los trabajadores están lejos de considerarse dueños delos medios de producción, al contrario, lo que respiran es el más rancio capitalismo. Afincarse en los sectores medios ha conducido al proceso hacia un brutal reformismo con un costo social astronómico para la revolución.
5.-Omitir la producción teórica como palanca de la Revolución
Dese los inicios de la Revolución se observa que su cotidianidad se concretó en el Tareismo y en el Electoralismo, sus funcionarios se dedicaron exclusivamente a las tareas burocráticas y a poner el empeño en ganar el caudal de lecciones que se dieron durante el periodo. El conocimiento de la realidad que se quería transformar y las orientaciones de como llegar al socialismo fueron siendo postergadas, al punto de que transcurrido catorce años, son pocos los científicos sociales que asumen el proyecto revolucionario. Este proceso carece de intelectuales orgánicos. Por supuesto, la consecuencia más inmediata no podía ser otra que una tremenda confusión teórica donde se acepta ideas como la de “Capitalismo bueno” vs “Capitalismo malo”; “empresarios apátridas” vs “empresarios patriotas”; “empresarios socialistas”, etc. En consecuencia, no es de extrañar ver que un comunicador del proceso como Pérez Pírela suplica agónicamente por la formación teórica de los cuadros de la Revolución en esta hora de compromiso. Esta debilidad teórica de la Revolución hizo de la palabra del comandante una directriz infalible igual a la del Papa. Lo teórico se redujo a lo que el Comandante opinaba en solitario. Y lo que resultó más grave fue que muchos de sus ministros hacían caso omiso de lo que el comandante ordenaba; esto se evidenció cuando Chávez regañó a sus ministros por no haber construido ninguna Comuna, llegando al extremo de proponer la eliminación del Ministerio de Comunas por ineficiente. La formación teórica resulta hoy de una urgencia lapidaria y ojala tengamos el tiempo necesario para concretarla.
6.-Insistir con un equipo económico derrotado
Una vez que la burguesía y el imperialismo fracasaron en su intento de expulsar a Chávez del poder a través del Paro y del golpe de estado, afinaron su puntería y comenzaron a implementar el expediente de la guerra económica, que tan excelentes resultados les dio en Chile para sepultar el gobierno de Allende. Esta nueva estrategia de la derecha llegó al paroxismo con la desaparición física del Comandante, potenciándose con la parálisis política que sufrió el país entre octubre 2012 y abril 2013. El Vicepresidente encargado no supo dar respuesta a los procesos de inflación, desabastecimiento, acaparamiento y para colmo, en plena campaña electoral del 14-A, se decretó una devaluación que le dio a la derecha infinitas alegrías. El resultado político de esta parálisis fue desbastador para las filas chavistas: millones de votos migraron hacia el candidato de la derecha. La economía sigue siendo la fuerza que mueve a las sociedades humanas y de nada valió el desfile de multitudes frente al ataúd del comandante. El ser humano primero es fiel a sus necesidades materiales, lo demás es broza.
Ahora bien, este vaivén entre no hacer nada y hacer las cosas menos recomendadas en el terreno económico fue obra del equipo que venía acompañando al Comandante y que luego fue ratificado por el Presidente Maduro, o sea, Giordani, Merentes, Meléndez cuyo “éxito” más grande es haber conducido al país a d la situación económica en la que hoy nos encontramos. Este equipo ha sido derrotado por la guerra económica de la derecha y por los desastrosos resultados de sus concepciones económicas. Frente al desmadre económico que se está viviendo, el Presidente Maduro ha llamado a los capitanes de empresa de la burguesía a negociar un acuerdo económico que indiscutiblemente de concretarse, alejará de estas latitudes el proyecto socialista. De seguir en funciones este equipo económico, Nicolás Maduro puede desempeñar en esta hora el rol que le tocó jugar a Mijaíl Gorbachov.

jueves, 4 de abril de 2013

Chávez: el límite y la fuerza

 Sin la menor duda, el fenómeno social, político y cultural que ahora denominamos chavismo transformó a Venezuela. Además, afecta los modos de pensar la política en gran parte de América Latina. Los simpatizantes y detractores del Presidente Chávez no coinciden en cómo será el futuro de su país, pero todos saben que Venezuela ya nunca volverá a ser la del pasado. 
 ¿Dónde fue el punto de quiebre? Hasta el levantamiento popular del Caracazo de 1989 Venezuela vivió para próximos y extraños la ficción de la democracia restringida que, tras la caída del dictador Pérez Jiménez, se pactó en la localidad de Punto Fijo en 1958. Mediante ese acuerdo las cúpulas o “cogollos” de dos partidos tradicionales COPEI y Acción Democrática se turnaron en el gobierno nacional, marginando a los demás sectores.
Eso originó la llamada IV República. Años de relativa estabilidad política, periódicamente legitimada por elecciones de sabor populista, en las que la mayor parte de la población no participaba. Muchos dejaban de hacerlo porque no se les documentaba para votar y otros muchos se abstenían porque tales comicios solo repetían más de lo mismo. Mientras, Venezuela contrajo serias malformaciones estructurales: se hundió en el rentismo petrolero y el parasitismo económico; la agricultura hizo crisis y el campo se despobló; la incipiente industria decayó; la cultura del trabajo se degradó; la inflación creció hasta cifras que duplican las actuales. 

A eso se añadió la crisis y la adopción de las drásticas medidas neoliberales que, rápida y espontáneamente, sublevaron al pueblo de una capital que tenía varios lustros de relativa pasividad. Se afirma que cerca de 3,000 personas perdieron la vida en unos días de represión. Por órdenes del gobierno constitucional, el ejército disparó hasta agotar las municiones de fusil que tenía en Caracas y fue preciso organizar un puente aéreo para traer más balas con que aplacar a una población inerme.
Con el Caracazo se acabó la magia de la flauta de Hamelin. En 1992, estremecidos por el rol que la política tradicional les asignó durante ese brutal episodio, una parte de la oficialidad se sublevó, liderada por Hugo Chávez. Poco después, en las elecciones de 1994 el binomio de Punto Fijo fue echado del gobierno. Sin embargo, la abigarrada coalición el “chiripero” que lo remplazó dejó de reformar el sistema político heredado. 

Por eso cinco años después la mayoría popular eligió a Chávez, lo opuesto de la política tradicional, quien prometía convocar enseguida una Constituyente para rehacer el sistema político. La nueva Constitución fue arrolladoramente aprobada el siguiente año en referéndum. Eso abrió otra página de la historia venezolana. La base de la democracia tuvo una rápida ampliación: varios millones de ciudadanos en su mayoría pobres fueron habilitados para votar; se creó el referendo de revocatoria de mandato; surgió el sistema de consulta popular; la rendición de cuentas; la democracia participativa y la comunitaria.
El sistema electoral se perfeccionó y pasó a contar con amplia supervisión internacional (Jimmy Carter lo describió como el mejor sistema de su género en el mundo). Por su parte, en 14 años, el presidente Chávez se sometió a 16 procesos electorales, entre ellos un referendo revocatorio, referendos constitucionales y reelecciones. Lo que no impide que el gobierno de Washington, la prensa mundial y local de las derechas, y los despistados de siempre, lo sigan tildando de dictatorial, aduciendo dichos sin lógica ni verificación.
Que los frustrados amos del mundo y los privilegiados de siempre lo hagan es natural; pero que los papagayos de clase media repitan sus bulos revela que se quedaron pegados al pasado o que querían democracia pero no tanta, o sin tanta participación plebeya. Lo que ya los llevó, en 2002 y 2003, a apoyar un golpe de estado oligárquico y, más recientemente, al anticipar nuevas derrotas electorales, a secundar llamados a la violencia y a desacreditar a los órganos electorales. 

Para ser breve y porque es otro el tema de hoy no mencionaré aquí los notables progresos de la economía venezolana en estos 14 años, tanto en materia de fortalecimiento como, sobre todo, de reinversión social y justicia redistributiva. Son éxitos cuantiosos, pero lo fundamental es que los disfruta la mayor parte de la población, principalmente la que antes estuvo más marginada.
Al repasar estos lustros de los acontecimientos venezolanos lo que sobresale es la legitimidad del proceso sociopolítico que Chávez calificó de bolivariano. Los sucesos de los años 90 cuando en el resto del Continente campeaba el neoliberalismo en Venezuela tomaron un giro que rechazó la tendencia dominante y eligió otro camino. Uno que por más de 10 años venía madurando en el pueblo venezolano sin que su senil dirigencia lo percibiera, y que un buen día hizo eclosión. Pudo haber sido otro el nombre del movimiento que así emergió, y otro su líder, pero a Chávez le corresponden los méritos del talento y el coraje de asumirlo en el instante preciso, y en sintonía con su pueblo.
El mérito, asimismo, de apreciar que el camino emprendido por los abnegados revolucionarios de los años 60 y 70, aunque moralmente correcto, no era eficaz. Como igualmente el de comprender que la ruta de la asonada que él mismo intentó en 1992 tampoco llevaba adonde se quería. Y de concebir la vía, más larga pero socialmente mejor sustentada, de llegar a la Presidencia, a la Constituyente y a construir de allí en adelante una ruta hacia el futuro por medio de la movilización, la concientización y la organización popular, y de su impacto electoral.
Y el mérito de despejarle así un camino alternativo a los demás movimientos y liderazgos latinoamericanos. 

El propio Chávez entendió y enseñó que esa ruta tiene, a su vez, un límite y una fuerza. El límite de que no se puede ir más allá ni más a prisa de lo que el pueblo movilizado ya puede comprender y hacer suyo de que el éxito de la marcha reclama un constante pero creativo esfuerzo pedagógico . Y la enorme fuerza que el nuevo proyecto adquiere enseguida que ese pueblo, a despecho de los papagayos, lo hace suyo y lo empuja más allá del actual horizonte.

martes, 2 de abril de 2013

Nicolás Maduro, el conductor


Nicolás Maduro es un robusto grandulón de 1.90 metros de alto, y negro y tupido bigote, que condujo en Caracas un metrobús durante más de siete años, fue canciller otros seis y ahora es candidato a la primera magistratura y presidente encargado de Venezuela. Forma parte de la nueva generación de mandatarios latinoamericanos que, como el obrero metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva o el sindicalista cocalero Evo Morales, incursionaron en la política desde las trincheras de las luchas sociales de oposición.
Maduro es un revolucionario socialista que modificó su formación ortodoxa original para sumarse al heterodoxo huracán de la revolución bolivariana. Es un hombre de izquierda que llegó al poder sin abandonar sus principios. Un colaborador fiel de Hugo Chávez que se ha hecho a sí mismo, y que hoy está al volante de uno de los procesos de transformación más profundos de Latinoamérica.

La política le viene en la sangre, la respiró desde sus primeros días. Nació en 1962 en la ciudad de Caracas, en el seno de una familia muy comprometida con la acción colectiva pública. Su papá fue fundador del partido socialdemócrata Acción Democrática (AD) y organizador de una fracasada huelga petrolera contra la dictadura en 1952, que lo obligó a huir y esconderse.
En 1967 Maduro asistió con sus padres a los mítines del Movimiento Electoral del Pueblo, escisión de izquierda de AD, y un año más tarde a los masivos y populares actos de apoyo a la candidatura de Luis Beltrán Prieto Figueroa. En esa campaña Maduro conoció el mundo de la pobreza, de las casas de cartón. Y, por primera vez, habló en público, cuando su padre lo puso sobre el techo de un automóvil con un micrófono.
No obstante la influencia paterna, desde muy pequeño tuvo opiniones políticas propias. En cuarto año de primaria defendió la revolución cubana de las críticas de las monjas que enseñaban en su escuela. Como sanción fue expulsado del salón de clases durante tres días y condenado a purgar su castigo en la biblioteca, en realidad un premio para un muchacho inquieto que devoraba cuanto libro tuviera enfrente.

Lejos de curarse con el paso del tiempo, su precocidad política aumentó. De 12 años de edad y siendo estudiante del Liceo, comenzó a militar a escondidas de sus padres en el movimiento Ruptura, estructura abierta del proyecto revolucionario de Douglas Bravo. La efervescencia juvenil era el signo de la época. A partir de entonces participó ininterrumpidamente en luchas barriales, en la formación de cineclubes, en movimientos sindicales y en conspiraciones populares armadas.
Bajista del grupo de rock Enigma, vio cómo muchos jóvenes de su generación en los barrios se engancharon en el mundo del dinero fácil, de la cultura de las drogas, se volvieron adictos y fueron asesinados en las guerras de bandas. La experiencia lo marcó de por vida.
Nicolás Maduro, al igual que Hugo Chávez, es un gran jugador de beisbol –tercera base–; sin embargo, a diferencia del comandante, que era pésimo bailarín, se defiende razonablemente bien a la hora de bailar salsa.
La participación en movimientos populares fue su universidad. Como muchos otros integrantes de su generación, su formación intelectual está directamente asociada a su involucramiento en la lucha revolucionaria y de masas. Estudió a los clásicos del marxismo y analizó e interpretó la realidad venezolana a la luz de sus enseñanzas. Dotado de una extraordinaria capacidad de aprendizaje, ha sido simultáneamente autodidacta y dirigente instruido por años de participación política organizada. Hasta el triunfo del chavismo sufrió regularmente persecución policiaca, y vivió, literalmente, a salto de mata.
Participó en la Organización de Revolucionarios y en su expresión abierta, la Liga Socialista, agrupación revolucionaria marxista, nacida de un desprendimiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Su fundador, Jorge Rodríguez, fue asesinado por los servicios de inteligencia en 1976. Maduro se destacó allí como brillante organizador y agitador político de masas.

En 1991 entró a trabajar en el Metro de Caracas. Echa­do para adelante, afable, comprometido con los intereses de los trabajadores, carismático, fue elegido por sus compañeros como su representante gremial. Su vocación por un sindicalismo democrático y de clase provocó que con frecuencia fuera sancionado por la empresa. Del caracazo de 1989 conserva en la memoria el desgarrador sonido de los lamentos permanentes de los pobres en las calles, a quienes les mataron a sus parientes.
Maduro conoció a Hugo Chávez como la mayoría de los venezolanos: lo vio en televisión cuando éste asumió su responsabilidad en el levantamiento militar de 1992. Más de un año después, el 16 de diciembre de 1993, lo conoció personalmente en la cárcel, junto a un grupo de trabajadores. El teniente coronel le dio el nombre clandestino de Verde y lo responsabilizó de diversas tareas conspirativas. Cuando Chávez salió libre, en 1994, Maduro se volcó de tiempo completo a la organización del movimiento.
El hoy presidente encargado fue parte de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 que redactó la nueva Constitución. Un año después fue electo diputado a la Asamblea Nacional. En enero de 2006 fue nombrado presidente del Poder Legislativo y pocos meses después renunció para ser ministro de Relaciones de Exteriores. Como canciller fue actor central en la apuesta por construir un mundo multipolar, impulsar la integración latinoamericana y construir la paz. De allí pasó a ser vicepresidente y, desde hace unos días, presidente encargado.
Maduro está casado con la abogada Cilia Flores, nueve años mayor que él. Figura relevante del chavismo, ella ha sido, por méritos propios, presidenta de la Asamblea Nacional, vicepresidenta del PSUV y procuradora de la República. Tiene un solo hijo, el flautista Nicolás Ernesto, y un nieto.
Escogido por Hugo Chávez como su heredero político, Nicolás Maduro enfrentará el próximo 14 de abril la prueba de las urnas. De salir victorioso, tendrá el reto de ser el nuevo conductor de la revolución bolivariana, resolver problemas como el de la inseguridad pública y la corrupción, y continuar el legado del comandante, radicalizándolo al tiempo que lo innova.

Chávez, su legado y la guerra de símbolos

Carlos Fazio
 Caracas. Fue un subversivo en palacio. Un pacifista subversivo. Un militar patriota con gran coherencia entre el decir y el hacer. Como se opuso a reproducir la voz del amo imperial, la élite racista venezolana lo demonizó y estigmatizó: lo llamó loco, negro, zambo, gorila, ordinario, incivilizado. Vía el terrorismo mediático, la plutocracia subordinada y apátrida envenenó a la sociedad con su odio de clase y la polarizó. 

Hombre radical, de pensamiento crítico y audaz acción política, Hugo Chávez siempre dio la cara y se hizo responsable de sus actos. Como no tuvo precio, no lo pudieron comprar. Adversario del consenso de Washington y el pensamiento único neoliberal, rompió paradigmas. Y, con Gramsci, se dedicó a construir en su país una nueva hegemonía cultural, ética, democrática de los símbolos y las palabras. Donde decía globalizados puso patria, donde decía emprendedores, clase social. Iconoclasta, antidogmático, soñaba con una sociedad justa, de iguales. Con un nuevo Estado social que no fuera calco ni copia. En su vía pacífica hacia un nuevo Estado del bienestar socializado, utilizó la metodología de Simón Rodríguez: inventar y errar. Cuando erró supo rectificar; los grandes logros de sus inventos son invaluables todavía.


Fue el gran educador de una nueva civilidad. Llevó a cabo una auténtica pedagogía popular, crítica, de masas. Utilizó los medios −la televisión en particular− para debatir y concientizar; para desenajenar. Mantuvo un diálogo permanente con los pobres, en quienes inculcó un espíritu histórico, participativo, solidario. Puso el acento en lo colectivo, en lo horizontal organizado. Irradió su pensamiento más allá de las fronteras nacionales y defendió la identidad cultural de Nuestra América, la Patria Grande latinoamericana.


Fue el constructor de una nueva arquitectura social. En el seno de un Estado petrolero rentista y clientelar, patrimonialista y vertical, impulsó una revolución democrática. Con eje en un profundo cambio en la correlación de fuerzas, llevó a cabo la transformación del Estado-máquina, utilizándolo como organizador de lo común, de lo civil. De la sociedad. Con el pueblo movilizado generó una nueva institucionalidad y redistribuyó los ingresos de la renta petrolera.

Es el suyo un modelo original inconcluso, con sus defectos, vacíos y contradicciones. Chávez concebía el socialismo como una obra de arte. Pensaba que no podía haber soluciones en países aislados ni socialismo en un solo país. Por eso, combinó el nacionalismo revolucionario con el marxismo de Marx, el cristianismo popular y la integración regional bolivariana. Al antimperialismo fundacional sumó una base material subregional, con énfasis en las complementariedades y la identidad cultural: ALBA, Petrocaribe, Unasur, Banco del Sur, el Sucre, Telesur, el nuevo Mercosur, la Celac…

Acusado de dictador por sus detractores, durante sus gobiernos hubo exceso de democracia (Lula dixit). En menos de tres lustros ganó 14 elecciones de 15. Además, se jugó el pellejo por los más humildes. En lo personal decía que le gustaba vivir viviendo la vida. Nunca se quejó. Pero lloró a solas frente a un espejo cuando Fidel le dijo que tenía cáncer.


Murió invicto. Y en lo único que todos coincidieron es en que fue un líder carismático. Álvaro García Linera dice que el liderazgo carismático no es una forma de mitología de las personas −como insiste con fines diversionistas el publicista de Televisa y la ultraderecha hemisférica Enrique Krauze−, sino la sintonía entre el accionar del líder y la voluntad nacional general de la sociedad. Su muerte, ahora, deja un vacío. La pregunta es, ¿qué sigue? Immanuel Wallerstein arriesga que los seguidores de Hugo Chávez intentarán garantizar la continuación de sus políticas institucionalizándolas. Lo que Max Weber llamaba la rutinización del carisma. Pero para un pueblo en movimiento detenerse es retroceder; el enemigo retoma la iniciativa.


De hecho, de cara a los comicios del 14 de abril entre el oficialista Nicolás Maduro Moros y el opositor Henrique Capriles Radonski, la guerra mediática arrecia en el plano simbólico y el uso de imágenes. Venezuela sigue siendo un laboratorio de la guerra de cuarta generación; de la guerra sicológica. En la coyuntura, el especialista en campañas negativas y guerra sucia electoral, Juan José Rendón y los expertos estadunidenses en manipulación de masas, intentan apropiarse de la simbología chavista y enfrentar al mito Chávez con Simón Bolívar.

En una maniobra de distracción y confusionismo ideológico, ante la imposibilidad de ganar los comicios, la misma derecha que vilipendió y secuestró el pensamiento del libertador y lo transformó en un nicho vacío, intenta apropiárselo y usarlo contra quien le dio carácter humano y popularizó su significado político. Si antes se apropiaron de la palabra camino (una de las más usadas por Chávez), la designación del comando de campaña de Capriles con el nombre de Simón Bolívar intenta explotar la dicotomía Chávez/Bolívar.

A la falsificación de la realidad y el uso de referentes simbólicos (incluida la bandera) se suma la estereotipación propia de las operaciones sicológicas. Si Chávez era el inquilino de Miraflores, Maduro es el encargado en palacio y el hombre de Cuba en Venezuela. Al asesinato moral de Chávez (vía CNN, Globovisión, El País, Televisa et al) y la reducción de Maduro a un sacerdote más del culto chavista (Krauze), la reacción suma elementos como reconciliación y diálogo, atribuyendo al otro el odio entre las familias y la catástrofe económica. Caldo de cultivo que en la fase poselectoral podría derivar en denuncias de fraude y desconocimiento de resultados, para generar caos y desestabilización social y facilitar la tipificación de Venezuela como un Estado forajido o canalla a ser intervenido humanitariamente por Washington y sus aliados de la OTAN. En el fondo, es el petróleo, claro.

martes, 26 de marzo de 2013

CHAVEZ y BOLÍVAR



  LIC. FERNANDO PEREZ
                                                                                              CHAVEZ y BOLÍVAR

                    
!Imaginemos el encuentro de CHAVEZ con BOLÍVAR 
  En el suelo sagrado de los héroes !
 El comandante se presenta firme a Nuestro libertador Simón Bolívar, sollozo, triste con lágrimas en sus ojos pensando en su pueblo hermoso  fiel a el,  dice?: “aquí estoy mi General en jefe, Comandante de mil Batallas. Cumpliendo las ordenes de la figura mas extraordinaria de la Revolución Espiritual, Jesús de Nazaret.
 Le daré parte mi General Bolívar de lo acontecido en el suelo sagrado de la América que usted liberto. Me propuse junto a mi pueblo en sacar del sótano del olvido lo que usted nos enseño, el Amor a la Patria, Que la educación son los pilares de la república y el futuro de la nación. Creando a si las misiones educativas y  sociales para el beneficio de Nuestro amado Pueblo,  nos forzamos en recuperar todo aquello que la oligarquía Venezolana le vendieron al capitalismos mundial, Nuestras empresas nacionales, PDVSA, CANTV  y los recursos naturales y minerales de hierro, “Si mi General” fue sin duda una Gran Batalla para su recuperación, conté con un pueblo fiel y Revolucionario, valiente y perseverante “carajo admirable¡ luego pensé en la unidad  latinoamericana, ¡ su sueño mi General ¡ el mas importante de todos, empezamos una vez mas.  Profundice todos sus escrito, proclamas, cartas y aprendí de usted, su perseverancia, busque a los lideres latinoamericanos mas cercanos a los ideales Bolivarianos y pensé en Bolivia, su hija predilecta como usted la llamo,  allí estaba.. Evo Morales dispuesto y aferrado al triunfo de la Patria Grande a la unificación de Latinoamérica, luego  Ecuador y allí estaba “ Rafael Correa,  fuimos creciendo con Lula, Cristina, Daniel, Pepe y  junto a los pueblos de la Naciones Latinoamericana,  y Allí  nació tu sueño, UNASUR, luego la CELAC, todo para ti mi Comandante, tal como tu nos había Enseñado las profecías y advertencias,  “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia  para  plagar la América de miseria y de hambre en  nombre de la LIBERTAD”y No podemos permitir que los Estados Unidos participen en Nuestros asuntos Hispanoamericanos, Invitar a los Estados Unidos al seno de Nuestra organización donde se debate el destino de Nuestros Pueblos, es como invitar al Gato a la fiesta de los ratones.. ¡Si mi comandante, siempre pensando lo que tu nos reafirmaste de la patria en tus cartas: “Venezuela es la puerta de entrada de Sudamérica; es el destino del continente, es ejemplo del mundo y la esperanza del universo” a si fue mi trabajo Junto al pueblo, perseverante fiel a ti.
 ¡¡ “ Bolívar lo mira y contempla en Chávez la semilla fecunda que flóresen en los campos de Batalla del Continente de América,   ¡exclama¡ “veo a la América sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria y mostrando al mundo antiguo la majestad del mundo moderno,”  se abrazan fuertemente Mientras contempla al pueblo llorar con pasión, pero con una madures política hacia nuevas victorias por la unidad del continente y para siempre. "VIVA CHAVEZ” "VIVA BOLÍVAR"
Venceremos…. 

lunes, 14 de enero de 2013

EL JURAMENTO COLECTIVO HISTORICO

El día 10 de enero del 2013 en Venezuela, ocurrió un hecho trascendental nunca visto o realizado en Venezuela o en Latinoamérica, el juramento colectivo histórico realizado por el pueblo venezolano solo comparado  por el juramento que realizó el Libertador Simón Bolívar en el Monte Sacro, El 15 de agosto de 1805,  en compañía de Don Simón Rodríguez y Fernando Toro, Su texto dice:   “Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.
 Un pueblo llamado a respaldar a un proyecto ideológico llamado “TODOS SOMOS CHAVEZ”, un Presidente o hombre sencillo, humilde que ha logrado establecer las diferencia del capitalismo salvaje con una nueva alternativa llamada socialismo del siglo X X I, ha luchado sin descanso en la consolidación de  la unión de los países de América Latina y el Caribe, a través de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en diciembre de 2011. La presencia de presidentes latinoamericanos y delegaciones presente en el acto de juramentación del pueblo venezolano que con voz colectiva “Juro, ante esta Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, absoluta lealtad. Juro que defenderé esta constitución, nuestra democracia popular y el derecho a construir el socialismo en esta patria. Juro que me comprometo a llevar adelante el programa de la patria defendiendo la presidencia del comandante con la razón, con la verdad, con la fuerza y la inteligencia. 
Hoy le decimos a nuestro comandante que se recupere, que el pueblo, cada barrio que se ha liberado  del yugo de la oligarquía jura defender la revolución… ¡Que viva Chávez!”. Hubo fue un pacto sagrado entre el pueblo venezolano y su líder. “Yo soy Chávez”, con el tricolor nacional y con muchas energías, Todos querían estar presente para demostrar que “hay un pueblo que está resteado con Chávez”. Millones de espectadores de todo el mundo observaron la valentía de una nación que se levanta con gallardía,  para enfrentar el dominio de unas naciones  poderosas explotadoras, manipuladora de la voluntad de los pueblos del mundo.