martes, 10 de julio de 2018

Crónica de un triunfo y un ataque anunciado

 
Doña Carmen llega despacito, medio rengueando, al colegio Manuel Fajardo del populoso y mítico barrio 23 de Enero. Arrastra sus 81 años con hidalguía, una de sus manos morenas se apoya en un bastón y la otra carga un paraguas para el sol. Peregrinó cuatro cuadras y unos 60 escalones cerro abajo. Ante el primer acercamiento despliega su sonrisa caribeña, nos guiña el ojo y responde: “Mi voto es directo, universal, secreto… y maduro”. Antes de irse la volvemos a abordar y ya con más confianza descarga: “Mira chico, la vaina es así: estamos pasando roncha, sobreviviendo a como podemos, no te voy a caer a cuentos, pero estamos claros que la culpa es de los gringos que nos quieren tumbar a punta de hambre. No lo van a lograr, aquí hay un pueblo resteado (jugado) con la revolución, que no quiere perder su soberanía, nunca más seremos sus esclavos”.
En la recorrida por los distintos centros de votación caraqueños se repiten las doñas Carmen. Varían las edades, los rostros, las historias, pero los mensajes son parecidos. Y sobre todo el origen social. Es cierto que la afluencia de votantes es mucho menor a elecciones anteriores, que se percibe el descontento y la apatía instalado en los últimos años, pero la polarización de clase es evidente: la mayoría de las y los votantes proviene de sectores populares, los centros de votación en zonas de clase media y alta están casi vacíos.
Primera conclusión: hay un núcleo duro chavista que se mantiene firme incluso en las cada vez más complicadas condiciones de vida. Esta vez fueron 6,1 millones de personas que le dieron la reelección a Maduro nada menos que con el 67,7% de los votos, más de 4 millones por encima de Henri Falcón (21,1%). Hay memoria, por las innumerables conquistas en estos 20 años. Hay conciencia política, adquirida en tiempos de revolución. Es cierto que el chavismo atraviesa una etapa de retroceso, de debilidad; obtuvo un millón y medio de votos menos que en la presidencial anterior, pero en este contexto de asedio internacional y crisis económica supo mantener la unidad y se ratificó como principal fuerza política y electoral en el país.

Como contraparte, las elecciones profundizaron el desconcierto y la atomización de una oposición huérfana de liderazgos potables y que perdió capacidad de movilización (menos de 300 personas el miércoles pasado fue la máxima convocatoria de protesta de los últimos tiempos). Su incapacidad para interpelar a los sectores populares, su subestimación al chavismo -al que reducen a una masa ignorante arrastrada clientelarmente-, su subordinación a los mandatos externos, los sigue llevando una y otra vez al fracaso. Falcón y Bertucci no lograron captar esa base social, pero emergieron como nuevas fracciones de la derecha local.
Una segunda sensación que repiten los votantes consultados es la valoración de haber recuperado la paz. 

Un año atrás, las calles de Venezuela (en rigor algunas zonas de clase media y alta) eran escenario de una suerte de insurrección con impronta paramilitar que dejaba un tendal de muertes, destrozo de hospitales y edificios públicos, personas quemadas vivas y un país al borde la guerra civil. Los grandes medios lograban instalar la imagen de “la dictadura” y “el gobierno represor” y le contaban las horas a Maduro. Nadie hubiera imaginado el panorama actual: el chavismo logrando su cuarta victoria en 10 meses en una jornada electoral sin incidentes (a excepción de las botellas que le arrojó un grupo de opositores al expresidente español Rodríguez Zapatero por haber sostenido su apoyo al proceso democrático venezolano).
La otra (y principal) preocupación que trasmite la población venezolana en la jornada electoral, y que se percibe constantemente en la calle, en el metro, en todos los ámbitos de la vida diaria, es la soga económica que aprieta cada día más. Hiperinflación descontrolada que vuelve insignificante cualquier salario medio, escasez de efectivo y fallas constantes en los servicios públicos son partes de una crisis multidimensional inducida que tiene su centro de operaciones en Washington pero que, tras más de cuatro años, no encuentra una respuesta eficaz desde el Ejecutivo venezolano.

La matriz de la abstención
Los grandes consorcios mediáticos instalaron la idea de una elección deslegitimada por la baja participación (fue del 46%), siguiendo el libreto del “desconocimiento” desplegado por EEUU, la OEA, la Unión Europea, el Grupo de Lima y los partidos opositores venezolanos que acataron la orden de no presentarse ante una segura derrota. Las cifras de participación electoral similares o menores en la región (40,6% en las últimas presidenciales colombianas o 46% en las recientes chilenas) desnudan la manipulación y doble vara de los medios y la “comunidad internacional”, que nunca cuestionaron la legitimidad otorgada por los votos a Piñera o a Santos.
En cuanto al sistema electoral venezolano -calificado hace unos años por Jimmy Carter como “el más seguro del mundo”-, los cerca de dos mil acompañantes y observadores internacionales ratificaron su confiabilidad y transparencia. El proceso de votación, automatizado, comienza con la huella dactilar, que habilita a realizar el voto electrónico y culmina con un recibo para el votante y otro que coloca en la urna. Además, tras el cierre de mesas se realizan auditorías de verificación ciudadana.
Nicanor Moscoso, presidente del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA), que monitoreó la elección, aseguró: “Podemos recalcar que estas elecciones deben ser reconocidas porque son el resultado de la voluntad del pueblo venezolano”. Por su parte, la representante de la misión de la Unión Africana, Arikana Chihombori Quao, sostuvo: “No conozco en el mundo un proceso electoral más transparente y riguroso como el de Venezuela”.

Los días por venir
Lo que se viene para Venezuela es mayor asedio internacional, ofensiva mediática y asfixia económica. Así lo dejaron en claro las nuevas sanciones anunciadas por Trump horas después de las elecciones y el “plan Masterstroke” del almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur estadounidense, en el que insta a “alentar la insatisfacción popular incrementando la escasez y el alza en precio de los alimentos, medicinas y otros bienes, con la intención de provocar la deserción de los ciudadanos por todas las fronteras”. La amenaza de la intervención extranjera sigue latente.
Con la victoria del domingo, el chavismo mostró fortaleza, logró mantener el poder político. Ganó aire y tiempo. Pero la urgencia sigue ahí: revertir el descalabro económico. Y deslastrarse de las altas cuotas de corrupción y burocratismo que lo dificultan. De las pugnas entre las distintas visiones a lo interno dependerá el rumbo a seguir. Todavía queda margen para que el gobierno se atreva a profundizar el proceso y retomar la estrategia comunal como vía al socialismo bolivariano.

miércoles, 4 de julio de 2018

La rebelión de los mexicanos

Fuente de origen: Fernando Buen Abad Dominguez, Diario Página 12


Quedó claro que una victoria contundente, como la de López Obrador en México es la conjunción de, al menos, tres factores: una vinculación permanente e irreductible con los frentes de lucha populares; una interpretación profunda y dinámica del malestar social y una organización programática basada en recorrer metro a metro el territorio nacional. Todo eso articulado por una personalidad cuya tenacidad no entiende de fatigas. “A la tercera va la vencida” Y así fue.
La victoria de Morena-López Obrador es una rebelión en las entrañas de una estructura democrática severamente dañada por el corporativismo bipartidista (PRI-PAN) y por una lista inmensa de vicios y corruptelas que llevaron a la bancarrota institucional a todo el aparato político. Una rebelión asediada por la violencia macabra desatada por una falsa guerra contra el “crimen organizado” que en la práctica no ha sido más que la militarización “encubierta” de todo el territorio para poner las riquezas nacionales al servicio de las empresas trasnacionales y sus cómplices locales. Una rebelión que ha debido sortear miles de trampas y emboscadas en todos los repertorios odiosos de la depauperación económica y de las guerras mediático-psicológicas.


México padece la virulencia del neoliberalismo y los embates coloniales del imperio yanqui. Es un país secuestrado por gerentes -impuestos por la vía del fraude- para entregar recursos naturales, para regalar la mano de obra. En México hasta hoy nadie puede garantizar al pueblo la defensa del territorio y la defensa de los recursos naturales. Nadie ha podido garantizar el ejercicio independiente de la justicia. Nadie ha podido frenar al crimen organizado y su metástasis en todas las estructuras sociales y culturales del país. Nadie ha podido ejercer rectoría alguna en materia de democracia comunicacional. Nadie ha podido garantizar el derecho a la educación, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho a la alimentación… Nadie ha podido asegurar dignidad a las personas porque una moral entreguista y rastrera, adoradora del imperio yanqui, sirve de las maneras más ignominiosas a la opresión. En ese contexto gana las elecciones López Obrador.


Ahora comienza lo difícil. López Obrador se propone pacificar al país; terminar con la corrupción y recomponer la economía con dignificación laboral y salarial. Lograr la inclusión de los más postergados y la distribución equitativa del presupuesto federal. Eso implica derrotar a las mafias que secuestraron al Gobierno y al Estado, para hacer justicia, por ejemplo, a los estudiantes de Ayotzinapa, a los pueblos originarios y asegurarse perdurabilidad de las acciones para ampliar la participación social en el gobierno movilizado como organizador capaz de sumar fuerza que pueda ofrecer soluciones a la fuerza popular que alcanzó el triunfo.
Los desafíos son muchos y son enormes en un país que tiene desgarrado hondamente el tejido social pero que, a pesar de los pesares, se rebeló contra el establishment para hacer visible su multiculturalidad y su plurinacionalidad unidas a las “clases medias” para sumar la mayor votación que presidente alguno haya recibido en México y que líder de izquierda alguno haya logrado.
México enfrenta su futuro inmediato movilizado como nunca con las plazas llenas, con las calles tomadas, con una movilización magnífica que incuba ideas emancipatorias. Contra el fraude, contra el saqueo y contra la explotación históricos… es una identidad nueva, una fiesta desde abajo una situación social inédita. Bien puede ser que el nacimiento un nuevo México, esta vez decidido por su pueblo, con las armas de su democracia en reparación, con una moral renovada y mucha claridad en los retos, pueda prepararse para derrotar cualquier intento de regresión. Por lo pronto México hoy es un punto de inflexión, un desafío a nuestra capacidad de lucha y unidad dentro y fuera del país… Punto de inflexión para que nos reconozcamos hacia la toma del poder impulsados con nuestras propias fuerzas populares en los trabajadores del campo y la ciudad… para cambiar el sistema y cambiar la vida.

martes, 19 de junio de 2018

Detener la hiperinflación ¿Qué hacer?

Por:

1. Detener la hiperinflación es la tarea urgente en este momento, no solo porque pulveriza el salario real, también contrae la producción nacional (la pérdida del poder adquisitivo disminuye la cantidad de bienes demandados y los oferentes reducen las cantidades producidas); estimula el acaparamiento por las expectativas de aumentos de precios; alimenta el contrabando de extracción; hace insuficiente el presupuesto público.

Ataque a la moneda en chile

2. La causa de la escalada de precios desde el 2013 (no la única, pero sin duda la determinante) es la manipulación del tipo de cambio en los mercados ilegales. Es imprescindible y estratégico evitar que, terceros, marquen un supuesto valor del bolívar. La tarea es destruir la principal y más poderosa arma de la guerra económica: el ataque a la moneda.

3. Para impedir que arbitrariamente las manos de papel del imperialismo marquen el supuesto valor del bolívar y generen desconfianza hacia la moneda, se sugiere anclarlo a la cantidad de oro que está en las bóvedas, cuyo precio solo se fija en el mercado internacional. Los chinos, los rusos y hasta los norteamericanos están haciendo lo propio. Con la diferencia que mientras ellos deben comprar el oro, nosotros lo tenemos en las minas.


4. Hoy, 1 onza troy de oro equivale a 87.662 bolívares soberanos (tenemos 162,2 TN en la bóveda). Haciendo la conversión en divisas: 1 dólar equivale a 65 BsS (1 onza de oro vale $1.343); 1 yuan son 10 BsS; 1 euro son 78 BsS. Cada vez que 1 TN de oro viaja de las minas hasta el BCV, el bolívar se aprecia 1%.

5. Dolartoday podrá intentar marcar el precio que desee, pero el valor del bolívar-oro soberano, dependerá del precio internacional y de la cantidad que tengamos en las bóvedas.

6. Son condiciones necesarias:

a. No vender nuestro oro, ni en dólares ni en bolívares. Es nuestro respaldo. Debemos guardarlo debajo del colchón, es decir, en nuestras bóvedas y en las minas, las cuales deben ser cuidadas como lo que son: minas de oro.

b. Aumentar las reservas internacionales: este año, con un precio del petróleo en 50 $/barril, incluso con un paro silencioso de 1.500.000 de barriles diarios de producción, deberían ingresar por lo menos $30.000 millones. Los compromisos de deuda no llegan a $10.000. Debemos ajustar las importaciones a $15.000 (más que suficiente). Mantener el control cambiario. Evitar la fuga de divisas. Cerrar, de una vez por todas, las venas que aún siguen abiertas.

c. Recuperar la producción de petróleo: cada 100.000 barriles diarios adicionales equivalen a $1.000 millones anuales.

d. Vender el petróleo en petroyuanes para sortear el bloqueo financiero.

e. Recomponer nuestras relaciones comerciales con países aliados.

f. No endeudarnos. No es necesario.

Mucho más debemos hacer, la realidad es compleja. En estos momentos de guerra económica, esto es estratégico.

miércoles, 13 de junio de 2018

Inflación en Venezuela: ¿profecía autocumplida?

Por:  

En Venezuela la inflación está determinada en un 70% por el valor de la moneda en el mercado ilegal. Cada vez que varía el tipo de cambio en ese mercado, también varía la inflación. Situación que es histórica y atiende a las condiciones estructurales de la economía: el 35% del producto interno bruto es importado, y quienes importan son pocas empresas que al actuar como monopolios tienen el poder de marcar los precios de los bienes importados.
Es así como un importador de repuestos para vehículos de transporte, aunque haya recibido divisas preferenciales de parte del Estado, digamos a 10 bolívares por dólar, al convertir a bolívares lo que compró en dólares en el mercado internacional, utiliza como marcador el tipo de cambio más alto que observa, en este caso el del mercado ilegal, por ejemplo 1.000 bolívares. Si el repuesto costó 100 dólares, lo venderá en el mercado nacional, no en 1.000 bolívares, sino en 100.000 bolívares. De allí en adelante, todas las estructuras de costos de la economía se reajustan en función del marcador que se utilice. Como hemos dicho, este ha sido un comportamiento histórico.

Sin embargo, a partir del año 2006 comenzaron a posicionarse, de manera ilegal, portales web que publican día a día el supuesto valor de la moneda en el mercado paralelo. Desde La lechuga verde, pasando por El aguacate verde, hasta llegar a Dólar today, y recientemente al Bolívar Cúcuta, estas páginas muestran valores arbitrarios, manipulados y desproporcionados de la moneda. Se trata de valores que no se corresponden con el comportamiento de la economía, con los niveles de las reservas internacionales, ni con la cantidad de bolívares, conocida como liquidez monetaria.
Han sido variables políticas las que desde 2006 están explicando el valor que es publicado en los mencionados portales. Basta con que sea anunciado el cronograma de algún proceso electoral en Venezuela, para que se comience a registrar una escalada en este tipo de cambio. Luego de celebradas las elecciones, estas variaciones, aunque siguen siendo positivas, se hacen menores. Igual comportamiento se observa en momentos de coyuntura política.
El tipo de cambio ilegal sigue un patrón y atiende a los ciclos políticos y electorales.
En la siguiente gráfica se observan los ciclos políticos del dólar ilegal. También se observa que las variaciones han sido mayores desde el año 2012 y más aún en vísperas de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Estos incrementos desproporcionados no solo afectan el mercado cambiario, el principal efecto y daño es sobre los niveles de inflación. La manipulación de este tipo de cambio desde agosto de 2012, y hasta la fecha, ha ascendido criminalmente a 14.640%.
La manipulación del tipo de cambio ilegal es un arma de guerra no convencional que busca, a través de la escalada de la inflación y pérdida del poder adquisitivo, generar malestar e incidir sobre las preferencias e intención de voto de los venezolanos. Es un arma masiva, afecta todos los hogares cuyos ingresos dependen de un salario, es decir más del 80% de los hogares venezolanos. Se trata de un arma potente y muy efectiva.
Esta acción atroz de manipulación de la moneda que en el fondo busca la desestabilización democrática por la vía de la distorsión de la economía, no solo tiene un efecto en el incremento de los precios, sino que además repercute en los niveles de producción y por lo tanto del empleo.
El mecanismo mediante el cual esta acción distorsiona la economía se conoce como shock de oferta y consiste en lo siguiente:
  1. manipulan desproporcionadamente el tipo de cambio en el mercado ilegal,
  2. los grandes monopolios y oligopolios de la importación marcan los precios internos usando como referencia el tipo de cambio manipulado y publicado ilegalmente en portales web,
  3. se elevan los costos de todos los bienes y servicios que son producidos e importados en la economía,
  4. aumentan los precios en la economía debido al incremento de los costos, se trata de una inflación inducida por la vía de aumentos de costos también inducidos,
  5. disminuye el salario real del trabajador, es decir, se deteriora el poder adquisitivo de los hogares,
  6. los hogares se ven en la obligación de reajustar sus presupuestos y reducen la demanda de mucho de los bienes y servicios, comenzando por los que no son tan prioritarios (recreación, vestido, calzado, entre otros), y en algunos casos, y dependiendo de la intensidad de la inflación, reducen las cantidades demandadas incluso de los bienes de primera necesidad,
  7. la contracción de la demanda afecta a los pequeños y medianos empresarios, sobre todo a aquellos que producen y distribuyen bienes y servicios no tan prioritarios,
  8. estos empresarios se encuentran en la necesidad de prescindir de sus trabajadores afectándose los niveles de empleo,
  9. se genera una mayor pérdida del poder adquisitivo de los hogares, ya no solo por la vía del aumento inducido de la inflación, sino por el desempleo,
  10. inicia un círculo vicioso y muy dañino en la economía que habiéndose generado por una manipulación criminal del tipo de cambio ilegal continúa con una escalada mayor de los precios, con la disminución de la producción, pérdidas para los pequeños y medianos empresarios y desempleo.
Hemos estado observando con gran preocupación, y así lo alertamos, el inicio de una nueva escalada criminal del tipo de cambio ilegal, específicamente desde el 27 de septiembre de este año. En esa fecha, el valor publicado se ubicaba en 1.052,76 bolívares por dólar, al día de hoy, el tipo de cambio es 1.385,52, es decir, aproximadamente un 40% de incremento en menos de un mes. Por cierto, variaciones que, recientemente, buscan "sustentarse" en el supuesto incremento del dólar Cúcuta, también arbitrario y manipulado a través del denominado "Bolívar-Cúcuta".
En el marco de una situación política en la que los sectores de oposición han manifestado que, a toda costa, quieren salir del presidente Nicolás Maduro, y en la que, por lo tanto, requieren la falta absoluta del mandatario antes del 10 de enero de 2017 y de esa manera convocar a elecciones presidenciales, no hay duda de que las acciones para desestabilizar la paz y la democracia a través de la distorsión de la economía se van a intensificar. Nos referimos no solo a la manipulación del tipo de cambio y la consecuente inflación inducida, sino también al desabastecimiento programado, que por lo que hemos también estado observando, ya no solo realizarán de manera velada y encubierta, sino mediante la convocatoria a paros nacionales.
Algunos de los voceros de la oposición, entre ellos representantes de Fedecamaras y diputados de la Asamblea Nacional han dicho recientemente que la inflación este año será de 500% y el producto interno bruto disminuirá 10%. Basan sus declaraciones en publicaciones realizadas por el Fondo Monetario Internacional.
Al respecto, debemos decir, que ambas "profecías" no guardan correspondencia: una inflación de tal magnitud, es decir de 500% no puede ser explicada por una disminución de solo el 10% del PIB. Ante una inflación tan elevada, se esperaría una disminución mayor de los niveles de producción, a menos que la inflación sea inducida, como efectivamente lo ha sido los últimos años. Por ejemplo, los años 2002 y 2003, como consecuencia del sabotaje a la empresa petrolera y la convocatoria a paro general, el PIB en Venezuela disminuyó 9% y 8% respectivamente, en ese momento, y a pesar de un paro general y de una caída de casi 10% del PIB, la inflación registrada fue 31,2% en 2002 y 27,1% en 2003. Lo que queremos decir no es que la caída del PIB necesariamente vaya a ser mayor, sino que los niveles de inflación desproporcionados que están anunciando dan cuenta de la magnitud de la manipulación del tipo de cambio que están "profetizando".
Resulta relativamente sencillo acertar las "profecías" para quienes tienen el control de la variable determinante de la inflación. Por lo tanto, no se trata de un ejercicio de mántica, de adivinación, no requieren oráculos al mejor estilo de la Grecia Antigua. Con realizar "pronósticos" es suficiente, en todo caso y si de profecías se trata, pues son autocumplidas. Quienes manipulan el tipo de cambio del mercado paralelo pueden, con herramientas estadísticas y econométricas, pronosticar con pequeños márgenes de error la inflación que inducirán.
Por tal motivo, es fundamental controlar la inflación, y dado que la causa es política, las respuestas por parte del Estado, y no solo del Gobierno, deben ser también políticas. Es necesario adelantar acciones que obliguen a deponer el arma de la manipulación del tipo de cambio ilegal. El control de la inflación en estos momentos, no solo pasa por aplicar medidas que buscan incrementar la producción. Como hemos dicho y demostrado, en estos momentos la causa de la inflación no es la baja producción, como tampoco lo es el incremento de los salarios. Lo que más peso tiene sobre la escalada de los precios es la acción criminal de la manipulación del tipo de cambio.
Es urgente que el Estado, no solo el Gobierno, establezca mayor control y supervisión de los grandes monopolios importadores a quienes le son asignadas las divisas. Es fundamental que el pueblo conozca la información relacionada con la asignación de las divisas, cuáles empresas las han recibido, cuánto le han liquidado, para importar cuáles productos, a qué tasa recibieron las divisas. Es necesario hacer cumplir el artículo 6 de la Ley de Precios justos, el cual establece que los importadores están obligados a colocar en sus empaques la tasa a la cual recibieron las divisas por parte del Estado. Es imperioso aplicar el Decreto de Ley Antimonopolio.
La desinformación malintencionada del tipo de cambio ilegal se contrarresta con la información transparente de lo que verdaderamente ocurre en el mercado cambiario.
Combatir la manipulación del tipo de cambio ilegal, arma masiva y criminal contra el pueblo venezolano, es en estos momentos, no solo un asunto económico, es la garantía de la paz y de la estabilidad democrática, es la esperanza de poder seguir avanzando hacia un modelo de igualdad y de justicia social. Para quienes aún no lo han entendido, es la garantía de continuar y avanzar con la Revolución Bolivariana.

Los ciclos políticos del Dólar paralelo en Venezuela

Por:

Sin pretender restar importancia al malestar que implica el tener que hacer colas para adquirir algunos de los bienes de la canasta básica[1], consideramos que es la inflación el principal problema que ha estado afectando a más del 80% de la población ocupada en Venezuela, es decir, a la clase trabajadora quienes perteneciendo a estratos socioeconómicos bajos, medios o altos, son asalariados.
El factor determinante de la inflación en Venezuela ha sido, históricamente, el valor de la moneda, es decir, el tipo de cambio. Y en los casos en los que han regido políticas con tipo de cambio fijo, el valor que ha influido sobre los niveles de precios internos, es aquel que marca el mercado paralelo e ilegal.


En el gráfico se observa cómo los niveles de precios en Venezuela han seguido la tendencia del tipo de cambio paralelo e ilegal.El hecho de que en Venezuela el tipo de cambio del mercado ilegal determine los niveles de precios internos, está asociado a por lo menos dos razones: en primer lugar, a la alta dependencia a las importaciones tanto de bienes de consumo final, como de maquinarias, repuestos, insumos, materias primas y tecnología. Alrededor del 20% de los bienes importados se dirige al consumo final, es decir, se refiere a los bienes listos para el consumo que no pasan por un proceso de producción interno sino que van directamente a los mercados. El 58% corresponde a importaciones para el consumo intermedio, las materias primas e insumos necesarios para los procesos de producción. Y el 21% se destina a la formación bruta de capital fijo, es decir, se refiere a las maquinarias y equipos necesarios para la producción.
Por lo tanto, el 79% de los bienes importados se incorporan a los procesos de producción y forman parte de las estructuras de costos de las empresas. El porcentaje que han representado las importaciones con respecto al total de la producción nacional es otro indicador del peso de los bienes importados en la economía. Desde 1999 hasta 2013, las importaciones representaron en promedio, el 35% del PIB.
En segundo lugar, a la alta concentración de las importaciones en pocas empresas constituidas como monopolios u oligopolios, las cuales teniendo el poder de marcar los precios de los bienes importados, realizan la conversión de dólares a bolívares tomando como referencia el tipo de cambio más alto (el del mercado ilegal) aunque los hayan adquirido a tasa preferencial.
En Venezuela, las importaciones dependen de pocas empresas. De acuerdo con cifras del último censo económico realizado por el Instituto Nacional de Estadística en 2008, el total de unidades económicas a nivel nacional era 322.845. Por otra parte, según información publicada por la Comisión de Administración de Divisas, organismo encargado de la asignación de divisas para la importación, entre 2004 y 2012, las divisas fueron entregadas a 10.374 empresas, es decir, el 3% del total de unidades económicas censadas.

De estas razones se desprende la afirmación que el tipo de cambio paralelo e ilegal en Venezuela ha servido de marcador y de referencia para la fijación de los precios internos de la economía. Mientras más alto sea este tipo de cambio, más altos serán los niveles de inflación (Ver Ejemplo más abajo).
Estas condiciones, como hemos mencionado, son históricas y estructurales. Han constituido, sin duda, un problema y una debilidad para la economía venezolana. Debilidad que pareciera estar siendo aprovechada por parte de quienes, conscientes de la relación de determinación del tipo de cambio ilegal sobre la inflación, han estado posicionando mediáticamente, a través de portales web, valores del tipo de cambio paralelo que no guardan relación ni con las variables económicas, ni con los niveles de reservas internacionales, ni con la cantidad de bolívares que circulan en la economía venezolana[2]. Alterando, de esta manera, los niveles de precios en la economía e induciendo la inflación.
No deja de sorprender el comportamiento de este tipo de cambio paralelo e ilegal a partir de finales de 2005, momento en que comienzan a posicionarse, con distintos nombres, marcadores del valor de la moneda a través de portales web y redes sociales. En el Gráfico 2 se muestran las variaciones intermensuales del tipo de cambio ilegal desde el año 2003, momento en el que inicia el control de cambio en Venezuela, hasta julio 2016.
El tipo de cambio paralelo e ilegal muestra un patrón en su comportamiento. Resalta el hecho de que las variaciones intermensuales son positivas y cada vez mayores los meses previos a aquellos en los que se celebraron procesos electorales o en los que el pueblo venezolano vivió momentos de alta tensión política. Inmediatamente después del evento político o de haber acudido a las urnas electorales, se registran variaciones que se van haciendo cada vez menores, aunque generalmente positivas, y en algunos casos llegan a ser negativas.
            
                                                                          
¿Habrá alguna intencionalidad de influir sobre el comportamiento de los votantes y de los resultados electorales por la vía de la manipulación del tipo de cambio paralelo e ilegal y su consecuente efecto sobre la inflación?
Desde mediados de 2012 este patrón se ha intensificado. A partir de ese momento, las variaciones fueron, la mayoría de las veces, positivas, pero además muy elevadas. El dólar paralelo e ilegal aumentó 10.940% entre agosto 2012 y junio 2015, pasando de 9,42 Bs/US$ a 1.040 Bs/US$. Las variaciones más altas se registraron los meses de octubre 2012 (momento que coincide con las elecciones presidenciales en las que vence Hugo Chávez), diciembre del mismo año (cuando se realizaron los comicios para elegir gobernadores en los 24 estados del país), abril 2013 (al realizarse nuevamente elecciones presidenciales como consecuencia del fallecimiento del presidente Hugo Chávez), diciembre 2013 (durante las elecciones municipales). A partir de finales del año 2013, el incremento del dólar paralelo ha sido sostenido y desproporcionado hasta enero de 2016.
Llama la atención, que luego de los comicios para elegir los Diputados a la Asamblea Nacional el 6 de diciembre de 2015, comenzó a descender la velocidad de variación del tipo de cambio paralelo a pesar de la importante disminución de los precios del barril de petróleo, principal ingreso en divisas en Venezuela. En este contexto de caída del precio del crudo, era de esperar, por el contrario, un aumento del tipo de cambio paralelo. Eso no ocurrió. Lo que si se evidenció fue un comportamiento similar al patrón histórico, es decir, un alza importante en los momentos pre y electorales y una disminución de la velocidad de las variaciones luego de los comicios.
 
Hugo Chávez)
Podría pensarse que estas variaciones del dólar paralelo e ilegal responden a las expectativas al alza del tipo de cambio en procesos electorales. Sin embargo, y si así fuese, por qué no se evidenció este fenómeno durante el Referendo Revocatorio de agosto de 2004, o las elecciones Regionales de octubre de 2004, o las Municipales de agosto de 2005. Durante el período 2003-2005 ya se encontraba vigente la política de tipo de cambio fijo, no obstante, las variaciones del dólar paralelo que se registraron entre esos años coinciden exclusivamente con las devaluaciones. ¿Será quizás porque en ese momento no estaban posicionados mediáticamente los portales web que han tenido el poder de incidir sobre la publicación de un tipo de cambio paralelo e ilegal?
La causa del problema no ha sido el control de cambio, sino la brecha entre el tipo de cambio controlado y el paralelo e ilegal que hemos estado observando, muy especialmente desde agosto de 2012. Brecha que se hace cada vez mayor en momentos electorales y políticos, consecuencia de las manipulaciones mediáticas del dólar paralelo.
Si el problema no ha sido el control de cambio, pues liberar el mercado cambiario en Venezuela no es la solución. Entre otras razones porque el 99% del total de las divisas que ingresan al país corresponden a las exportaciones petroleras. Las divisas son propiedad de todos los venezolanos por el hecho de habitar sobre tierras que cubren la mayor reserva de petróleo del Planeta. Liberar el mercado cambiario traerá como consecuencia la apropiación por parte de unos pocos de dichas reservas, quienes históricamente han concentrado las grandes riquezas y capitales. Estos pocos harán uso de las divisas de acuerdo con sus intereses individuales. Es por esta razón, que en Venezuela, las divisas deben ser administradas y asignadas de manera controlada por el Estado, atendiendo a los intereses de todos los venezolanos. En este marco, el Estado debe establecer mecanismos transparentes en la asignación y sobre todo ejercer mayor control al momento de la liquidación y de la solicitud de rendición de cuentas a los importadores.
La manipulación del tipo de cambio paralelo e ilegal pareciera estar actuando como un arma que de manera masiva ha hecho daño a un pueblo entero en el marco de la guerra no convencional. Estrategias de este tipo, posiblemente han sido probadas y usadas en otros contextos. Al respecto, sería interesante hacer un análisis similar del comportamiento del dólar blue en Argentina desde el año 2011, y analizar si existe relación entre los valores de este dólar y las elecciones legislativas, bianuales o presidenciales.
Para finalizar, y con el anhelo de equivocarnos, alertamos que ante próximos eventos electorales o de mayor tensión política en Venezuela, el dólar paralelo e ilegal, de mantener el patrón histórico en su comportamiento, podría iniciar una nueva escalada, repercutiendo sobre la inflación y consecuente pérdida del poder adquisitivo de los venezolanos.
Para controlar la inflación en Venezuela se hacen necesarias acciones políticas que garanticen que los enemigos del pueblo depongan la manipulación del dólar paralelo e ilegal.
Ejemplo. Si el importador de repuestos para vehículos de transporte pagó 100,00 US$ por el producto en el mercado internacional y el tipo de cambio paralelo e ilegal es 1.100,00 Bs/US$, colocará el repuesto en el mercado nacional en 110.000,00 Bs., aunque los dólares los haya recibido, de parte del Gobierno a tasa preferencial de 10,00 Bs/US$, siendo lo correcto vender el repuesto en 1.000,00 Bs. La diferencia de precios será cada vez mayor dependiendo de la brecha entre el tipo de cambio paralelo y el preferencial. Los repuestos de vehículos para transporte forman parte de las estructuras de costos de la mayoría de los procesos productivos, por no decir todos. De allí, y aguas abajo, se modifican todos los precios internos de la economía. Al igual que los repuestos, las maquinarias, los insumos y la materia prima, en su gran mayoría importados por monopolios u oligopolios, tienen un peso importante en las estructuras de costos de producción nacional.
                                                                                                  

México en guerra contra Venezuela

 No hay exageración alguna si se afirma que Donald Trump es la figura planetaria más censurada y odiada. Y la menos simpática. Tiene en su contra a medio Estados Unidos, a la Unión Europea, a los pueblos de América Latina, a las naciones árabes y musulmanas, a la comunidad homosexual y a otras minorías de todo el mundo, a China, a Rusia. Incluso los más fervientes admiradores de Estados Unidos guardan distancia con respecto al antipático magnate.

Ciertamente, una cosa son los pueblos, las comunidades y los individuos, y otra los gobiernos. Y debe reconocerse que entre los gobiernos Trump tiene amigos, aliados, cómplices y sirvientes. Entre todos estos puede citarse a los gobiernos del llamado Grupo de Lima, a Israel, Arabia Saudita, Japón.

Un ejemplo de esta distancia entre pueblos y gobiernos es México. Por lo que toca al sentimiento popular y salvo prueba en contrario, nadie en este país muestra simpatía, admiración o respeto por el mandatario yanqui. Pero es muy distinto desde el punto de vista del gobierno.
Enrique Peña Nieto

En México, a pesar de los maltratos, los insultos, las humillaciones y los desprecios de que ha sido víctima el gobierno de Enrique Peña Nieto, nada parece minar la buena relación entre ambos Estados. Unos vínculos no propiamente de amistad. Y ni siquiera de complicidad, sino sólo de franca y abyecta servidumbre. El magnate ordena agredir a Venezuela, y el gobierno mexicano cumple veloz y eficazmente la instrucción recibida. Qué importa que Trump haya llamado a los mexicanos animales, ladrones, narcotraficantes y violadores. Hay que aguantar todo. Las órdenes no se discuten. Tampoco importa que al acatarlas se violen las leyes del país y las normas jurídicas internacionales. Y que se violente de modo flagrante y cínico la sana y sabia política de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros países.

Cómo explicar esta conducta de sumisión a Estados Unidos. Ya se sabe que política es lo que no se ve. Qué razón oculta obliga al gobierno mexicano a comportarse tan indignamente. Qué datos o informaciones comprometedoras sobre los gobernantes mexicanos poseen Trump, Pompeo, la CIA o el FBI, datos capaces de esclavizarlos de este modo.

Algo de esto tiene que haber. Porque ¿cuál puede ser el interés del pueblo mexicano en derrocar al presidente Nicolás Maduro y destruir al chavismo?Esto no es parte de la agenda de la sociedad mexicana. Es, sin duda, asunto de la agenda de EU.
Y si el gobierno mexicano participa activamente en el bloqueo económico, comercial, financiero y diplomático contra Venezuela ordenado por Washington, objetivamente se está sumando a los afanes de EU por derrocar a Maduro. Y si entre esos afanes se encuentra una invasión militar extranjera, también objetivamente el gobierno mexicano se está sumando a una política de guerra ajena absolutamente al sentimiento del pueblo de México.

Esta activa participación en la guerra de EU contra Venezuela implica que el gobierno mexicano es copromotor y corresponsable de los inmensos daños y sufrimientos que se ocasionan a pueblo venezolano. ¿Tiene el gobierno mexicano algún interés particular en hacer sufrir a ese pueblo? ¿Será que quiere castigarlo por apoyar política y electoralmente a Maduro y al chavismo? ¿O nomás obedece órdenes? ¿O las dos cosas?

jueves, 31 de mayo de 2018

Las insólitas críticas de parte de mancillados líderes neoliberales

 
Pero, ¿quiénes son los presidentes que deslegitiman las  elecciones en Venezuela? Los encabeza nada menos que Donald Trump, quien se erigió como presidente de Estados Unidos con menos votos que su rival Hillary Clinton.

Trump, Temer, Macri…
Trump, un empresario ultra conservador, supremacista, misógino, antiinmigrantes y figura de la televisión del espectáculo, ha sido cuestionado incluso por su insania mental. Trump las ha emprendido contra Siria -que ha bombardeado en varias oportunidades-, Corea del Norte, Irán, Cuba y Venezuela.
A través de su vicepresidente, Mike Pence, el mandatario norteamericano pidió a la OEA realizar “elecciones reales” en Venezuela, ya que las programadas para este mes serían -dijo- “una estafa”. La respuesta de Nicolás Maduro fue contundente: “El pueblo de Venezuela, llueva, truene o relampaguee, irá a elecciones presidenciales el próximo domingo 20 de mayo”, le espetó.

Otro es Michel Temer, actual presidente de Brasil, quien llegó al cargo sin un solo voto, tras un polémico y controvertido “juicio” contra la ex mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, quien fue destituida por la componenda entre el Parlamento y el Poder Judicial.
Temer fue electo por el Senado brasileño e inició un mandato de facto tras el “golpe parlamentario”.
Aún así, desde esa ilegítima tribuna y obviando que no hubo un ciudadano en Brasil que votara por él como Presidente en un proceso abierto, se despachó la siguiente frase: “Queremos que hayan elecciones libres, con la participación de todos, es importante restablecer la democracia plena en Venezuela”.

En Argentina, Mauricio Macri siguió la misma línea que su par ideológico brasileño. “No vamos a convalidar el resultado electoral del 20 de mayo, no tiene ningún valor esa elección por más que el señor Maduro me insulte. No lo vamos a reconocer como un presidente democrático porque hace rato que no hay democracia en Venezuela”, advirtió el empresario.
Macri representa al sector más conservador de la derecha; partidario de políticas neoliberales a ultranza, es dueño de uno de los grupos económicos más importantes del país.
Se le relacionó con casos de espionaje, demandado por discriminación y por recibir financiamiento de una red de prostitución durante su campaña por la reelección en 2011. Macri y su familia se beneficiaron del gobierno dictatorial de Jorge Rafael Videla en la ejecución de negocios y en la condonación de deudas.

Por otro lado, entre los críticos del sistema electoral venezolano aparece igualmente Juan Manuel Santos, actual presidente de Colombia. Un político, periodista y economista perteneciente a una familia aristocrática, dueña del más importante medio de comunicación impreso de Colombia, el grupo editorial El Tiempo. “Nadie reconocerá las elecciones en Venezuela”, amenazó el Premio Nóbel de la Paz del año 2016.
Fue nombrado nada menos que por el presidente Álvaro Uribe como el jefe de su campaña. Se le acusa de haber encubierto los vínculos del gobierno del ex mandatario con el paramilitarismo y el narcotráfico.
En 2006, como Ministro de Defensa coordinó la Operación Fénix en la que dieron muerte al comandante de las FARC, Raúl Reyes, y a una veintena de civiles.

Piñera, Peña Nieto… 
En Chile, Sebastián Piñera Echeñique es un “exitoso” empresario e inversionista que estudió economía en la Universidad Católica, y posee postgrados en la universidad de Harvard en Estados Unidos.
El actual mandatario estuvo involucrado en negocios “fraudulentos” en el Banco de Talca. Tras su quiebra, autoridades judiciales chilenas giraron en agosto de 1982 una orden de aprehensión en su contra por “fraude e infracciones a la Ley de Bancos”. Hoy encabeza un gobierno de centro-derecha que en poco tiempo ha dejado de manifiesto su intención de hacer retroceder derechos sociales ganados por la ciudadanía después de muchos años de exigirlos en las calles, y que ha estado teñido por acusaciones de nepotismo.
Sebastián Piñera podría ser uno de los casos más emblemáticos a la hora de evaluar el cuestionable actuar de los presidentes latinoamericanos. Al bullado caso del Banco de Talca se puede sumar, por ejemplo, lo ocurrido con su holding Bancard, a través del cual realizó negocios con la empresa pesquera peruana Exalmar en momentos en que nuestro país enfrentaba un litigio en La Haya por límites fronterizos entre ambas naciones, que finalmente terminó favoreciendo justamente a compañías como Exalmar. Piñera era entonces la primera autoridad política en Chile.
Como ha ocurrido con los otros presidentes de derecha de este lado del orbe, Piñera se ha involucrado en el proceso democrático venezolano, calificando las elecciones del próximo 20 de mayo como “fraudulentas” y anunciando que Chile no las reconocerá.

En México el presidente Enrique Peña Nieto ha puesto en duda igualmente la democracia venezolana, declarando “se que resolver la crisis de manera pacífica, por medio del restablecimiento de la democracia”.
Peña Nieto proviene de una familia vinculada con ex gobernantes corruptos como Arturo Montiel. De tendencia liberal, su gobierno es también un gran negocio para los empresarios y grupos económicos.
Mientras la mayoría de los mandatarios y medios de comunicación apuntan a lo que consideran “violaciones a los derechos humanos en Venezuela”, se guarda un silencio cómplice frente a los miles de mexicanos que siguen desaparecidos a manos de agentes del Estado y las mafias del narcotráfico y la delincuencia. El caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que salieron un día de sus hogares para nunca más regresar, es solo un ejemplo de esa violenta realidad.
También los ex presidentes
Otros países del Grupo de Lima que han solicitado a Trump, la OEA y organismos multilaterales sanciones contra Venezuela, en abierto injerencismo contra el pueblo y el gobierno de Nicolás Maduro, son Canadá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú. También son naciones encabezadas por gobernantes de derecha que han seguido al pie de la letra la hoja de ruta del mandatario norteamericano contra el gobierno bolivariano. Lo propio ha hecho la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE).
En su último encuentro, el Grupo de Lima rechazó la convocatoria de las elecciones presidenciales de Venezuela. A lo anterior se suman los 31 ex presidentes iberoamericanos que firmaron la llamada “Declaración de Panamá”, una pieza de propaganda en contra del gobierno de Maduro.
GG

Entre los firmantes se encuentran los ex presidentes Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Jorge Quiroga, Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos Escobar, Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Luis Alberto Monge, Rafael Ángel Calderón, Laura Chinchilla, Lucio Gutiérrez, José María Aznar, Vicente Fox, Felipe Calderón, Alejandro Toledo, Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle, entre otros, muchos de ellos cuestionados por casos de “corrupción” y de “violaciones a los derechos humanos”.

Este próximo 20 de mayo el gobierno de Venezuela intentará legitimar nuevamente a través de las urnas el proceso revolucionario impulsado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. Será una nueva oportunidad para que todos estos cuestionados líderes reaparezcan y realcen la importancia de esa misma democracia que en sus propias naciones es manoseada y golpeada día a día.

lunes, 14 de mayo de 2018

Venezuela, ¿cuál democracia?

 
Si bien la noción de democracia abarca un campo semántico amplio, en el caso venezolano ha devenido particularmente en un concepto impreciso y manipulable en aras de justificar el derrocamiento de un presidente electo por la mayoría del padrón electoral de su país. “Restauración democrática”, “cambio democrático”, “gobernabilidad democrática”, son frases cada vez más comunes cuando se hace referencia a Venezuela.
Desde Lima, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, afirmó recientemente que “el mensaje del presidente Trump es de apoyo a la oposición venezolana: estamos con ustedes, para ver la libertad nuevamente y que se ponga fin a la crisis humanitaria. Nicolás Maduro ha convertido la democracia en una dictadura”[1]. El diputado opositor Julio Borges, quien ha asumido con mayor visibilidad la campaña por intervenir Venezuela desde el exterior, expresa permanentemente afirmaciones como: “(…) frenamos el financiamiento internacional al gobierno por haber dejado de lado la democracia”[2] o “(…) juntos logramos que hoy los países democráticos estén presionando para que se restituya la democracia”[3]. Por su parte, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, maneja un discurso abiertamente antielectoral con respecto a Venezuela: “Esta dictadura no se va a ir por las buenas (…) hay que plantearse las variables de ruptura del régimen porque no hay proceso electoral válido en Venezuela”.[4]

Hay numerosos ejemplos de este tipo de enunciaciones. La sobreexposición del caso venezolano en la narrativa mediática logró posicionar un relato basado en la estigmatización a su Gobierno como dictatorial y en la necesidad de deponerlo mediante todas las medidas posibles, incluyendo el bloqueo financiero (ya en curso) y la anunciada intervención militar.[5]
Una de las estrategias de intervención en los asuntos venezolanos por vías alternas fue la creación de una coalición de países que -ante la imposibilidad de aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana de la OEA (pues no obtuvieron la mayoría de votos)[6]– idearon una plataforma denominada “Grupo de Lima”. Desde allí, los gobernantes de doce países de la región, dirigidos por el Gobierno de Estados Unidos, se han dado la tarea de atacar al Gobierno venezolano, llegando a presionar al Gobierno peruano para que retirara la invitación al presidente Nicolás Maduro a la Cumbre de las Américas.[7]
Paradójicamente, en nombre de la democracia y sin ningún soporte jurídico internacional, los presidentes del Grupo de Lima denuncian y toman resoluciones contra el Gobierno venezolano, aunque dicha coalición esté compuesta por Gobiernos implicados en fraudes electorales, golpes de Estado y destituciones por corrupción, como son los casos de Honduras, Brasil y Perú respectivamente.
hh

¿En nombre de cuál democracia?

Se ha convertido el término “democracia” en lo que el filósofo argentino Enrique Dussel llamara un “enunciado ideológico encubridor” que busca confundir en aras de un discurso cercano al sofisma[8]. La maquinaria internacional que se ha desplegado en contra del Gobierno de Nicolás Maduro involucra una importante inversión en dinero y, sobre todo, la motorización de intereses especiales, que van mucho más allá del derrocamiento de un Gobierno.
Por un lado, Washington puja por recuperar la primacía perdida por la emergencia de China y Rusia en la geopolítica mundial y opera para retomar su “patio trasero” luego de la década ganada por Gobiernos de izquierda en América Latina. Por otro, para nadie es un secreto que Venezuela posee una de las más importantes reservas del mundo de crudo y otros recursos, como oro y diamantes, que además son respaldo del petro, la criptomoneda lanzada al ruedo por el Gobierno venezolano y sancionada por el Gobierno de Trump[9]. Aunado a ello, en esta especie de revival de la Guerra Fría, el chavismo y lo que representa como un Gobierno que ha resistido 18 años de asedio político y económico internacional, es un hueso que molesta demasiado a la narrativa hegemónica. En estas circunstancias, aplicar la dicotomía democracia vs. dictadura mediante sistemáticas agresiones mediáticas y diplomáticas, ha sido la estrategia (nada novedosa por lo demás) para sembrar en el sentido común la posibilidad de una intervención financiera y militar en nombre de la democracia.
Pero ¿en nombre de cuál democracia? Hoy los líderes de la oposición al Gobierno venezolano se respaldan en la Constitución de 1999, cuando ellos mismos organizaron un golpe de Estado que disolvió todos los poderes públicos en 2002 y desconocieron en múltiples oportunidades la Carta Magna que inaugurara el Gobierno de Hugo Chávez[10]. Estos líderes han participado en 22 elecciones, rechazando los resultados sólo en las que no salieron favorecidos y, actualmente, son los voceros del abstencionismo y el desconocimiento de las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018.

Democracia mainstream vs. Democracia participativa
El índice que mide la calidad democrática que calcula The Economist Intelligence Unit (EIU) ubica a Venezuela en el último puesto de la región, precedido por Cuba, Bolivia, Nicaragua y Honduras[11], los cuales serían “regímenes autoritarios” en contraposición a “democracias plenas” como las de Canadá y Estados Unidos. Este índice evalúa mediante encuestas y estudios de expertos, la calidad democrática según cinco valores: 1) Proceso electoral y pluralismo, 2) Participación política, 3) Cultura política, 4) Libertades civiles y derechos humanos básicos y 5) Calidad del funcionamiento del Gobierno.
Comparativamente, es considerable el sesgo y la sujeción al statu quo global que muestra este tipo de mediciones, además muy utilizadas y reproducidas en el ámbito internacional como herramientas de legitimación de ciertos discursos sobre otros. Un claro ejemplo es lo ocurrido con el cada vez más frecuente fenómeno de lawfare o judicialización de la política en América Latina[12], que utiliza a los poderes judiciales en función de los intereses de una clase política sobre otra, mostrando una total intervención de poderes, lo que atenta directamente contra el funcionamiento democrático de los Gobiernos. Otro ejemplo reciente es el ataque unilateral por parte de EE.UU., Francia y Reino Unido a Siria, en el que el ejecutivo estadounidense atacó aún sin contar con el permiso del Congreso. Sin embargo, ninguna de esas democracias son objeto del señalamiento reiterado que padece a diario el Gobierno venezolano.

Una mirada a la Democracia participativa
La Constitución venezolana instituye la noción de “democracia participativa y protagónica” con el propósito de ampliar el campo de acción de la democracia representativa o liberal que prevalecía en los Gobiernos anteriores al chavismo. La democracia representativa padeció de una grave crisis de legitimidad que junto con la aplicación de recortes económicos neoliberales provocaron en 1989 una rebelión popular de gran resonancia e impacto en la historia de América Latina, conocida como “el Caracazo”, y que años después diera pie al corrimiento electoral de la partidocracia instaurada por el Pacto de Punto Fijo (los partidos Acción Democrática y Copei alternándose acordadamente el poder) y a la posterior elección de Hugo Chávez como presidente.
Bajo la democracia participativa, el Estado venezolano busca desarrollar espacios de participación ciudadana y garantizar el acceso a derechos sociales a través de los programas denominados “misiones”. Las misiones atienden a la población en cuanto a educación, salud primaria y preventiva, vivienda y sistema de pensiones, entre otros derechos. La imagen de Venezuela que construye la mediática internacional no muestra estas políticas sociales que buscan profundizar el proceso democrático venezolano.
1.- Identidad y ciudadanía. En 1999 millones de personas no se encontraban registradas en ningún censo y no poseían cédula o carnet de identidad, lo que los excluía por completo de todo tipo de derechos, incluso del de votar. Con el programa Misión Identidad, el Gobierno de Hugo Chávez registró y ceduló a más de 18 millones de personas entre 2003 y 2006[13], dándoles el estatus de ciudadanos.
2.- Descentralización y actualización del sistema electoral. La reforma del sistema electoral de 2004 permitió reubicar y abrir nuevos centros de votación para descentralizar el acceso territorial al voto. También es significativa la inversión en innovación y tecnología que ha realizado el Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano para mejorar el sistema de votación, que hoy en día es totalmente automatizado, puede ser auditado en todas sus fases y realiza autenticación biométrica del elector[14]. A pesar del ataque del que es objeto, el sistema electoral venezolano ha sido reconocido por diversos observadores internacionales como efectivo y confiable, incluso como el “mejor del mundo” como afirmara en 2012 el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter[15].

3.- Elecciones y voto. Desde 1999, es excepcional la alta cantidad de elecciones realizadas en Venezuela: en 18 años 23 elecciones, todas con un nivel de participación de más del 50% del electorado. A diferencia de países como Colombia o Chile, en Venezuela la abstención es muy baja, inclusive en elecciones regionales. En las elecciones de gobernadores de 2017 la abstención fue de 38,8%, muy por debajo de la abstención que ocurría en este tipo de elecciones regionales antes de 1999.[16]
4.- Educación gratuita en todos los niveles. La educación en Venezuela es gratuita desde la etapa inicial hasta la universidad, hecho que duplica la meta programada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que estipula que la educación pública y gratuita se garantice al menos por doce años, mientras que en Venezuela se cubre hasta los 24 años aproximadamente, pues incluye los estudios universitarios. El presupuesto actual en materia educativa alcanza 7,5 % del Producto Interno Bruto (PIB), y el 70 % de la población estudiantil (más de 8 millones de personas) estudian es instituciones públicas. Los niños y jóvenes venezolanos son beneficiados con el programa Canaima, que distribuye gratuitamente computadoras en los niveles primario, secundario y universitario.[17]
5.- Seguridad social para personas mayores. Desde 1999, en Venezuela el número de personas pensionadas ha aumentado de 387.000 a más de 3 millones, un crecimiento que cubre al 90 % de la población adulta[18]. La Misión Amor Mayor, creada en 2011, prevé pensionar al 100 % de los adultos mayores al finalizar 2018.[19]
6.- Vivienda. La Gran Misión Vivienda Venezuela es una política que surge para atender a las familias damnificadas por las tormentas ocurridas en algunos estados de Venezuela en 2010. Se trata de la construcción de urbanismos en todo el territorio nacional que son vendidos a precios muy bajos a sus nuevos habitantes. Contempla también financiamientos para adquisición, autoconstrucción y mejoras de viviendas. Bajo esta modalidad, para el 2018 el Estado venezolano ha construido más de 2.000.000 de viviendas.[20]
7.- Organización ciudadana. En Venezuela se han ensayado distintas maneras de transferencia de poderes a la ciudadanía y formas de impulsar la organización. Desde los Consejos Comunales y las Comunas, hasta los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), sin estar exentos de contradicciones y complejidades, existen en Venezuela diversos espacios de organización para la resolución conjunta de necesidades comunitarias. Estas instancias de organización ciudadana cuentan con respaldo jurídico[21].
8.- Derechos de las mujeres. En 2007 se aprueba en el Congreso la Ley Orgánica para el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una de las normas jurídicas más avanzadas de la región. Contempla 19 formas de violencia e incorpora el femicidio y la inducción al suicidio[22]. Para combatir la violencia obstétrica, en 2017 el Ministerio de la Mujer lanzó el Plan Nacional de Parto Humanizado que promueve la formación de diez mil promotoras en parto humanizado para acompañar y orientar mujeres y familias en todo el territorio del país[23].
De la cultura política a la resolución económica
La enumeración de aciertos y políticas para garantizar el sistema democrático sólo pretende mostrar parte de la realidad que las corporaciones mediáticas no visibilizan. Si bien la crisis económica ha socavado el acceso a bienes y ha generado un ambiente de tensión latente en la ciudadanía, las políticas de acceso a derechos elementales no han dejado de existir. El sistema democrático venezolano pude tener desatinos como los tienen, y en gran medida, la mayoría de los países de la región, pero los logros en materia de ampliación de derechos son un hecho.
Ante las elecciones presidenciales de mayo, más que la pregunta por la democracia como un orden general, cabe la duda sobre la cultura política tan avanzada en Venezuela tras años de contiendas electorales y participación social. El ambiente electoral, antes asumido como un ritual colectivo nacional, ha cedido paso a la necesidad de resolución inmediata de la cotidianidad, pues la crisis económica se ha instalado como una realidad ineludible. El interés ciudadano ha desplazado el protagonismo de la política como arena de disputa cotidiana por la estabilidad económica, lo que, sin embargo, no oculta la imbricación que la situación económica tiene con la pugnacidad política entre el Gobierno y la derecha opositora, respaldada por el sector empresarial y por la comunidad internacional.
La presión y las sanciones económicas internacionales están muy lejos de aportar soluciones a las dificultades internas del país caribeño, antes bien son parte central del problema económico que éste atraviesa. Las elecciones presidenciales se proyectan como un posible tablero para zanjar la pugnacidad y arremetida contra el Gobierno y abrir la posibilidad de un acuerdo nacional que permita reestablecer las condiciones económicas y políticas adecuadas para seguir profundizando la democracia.